CRÓNICAS URBANAS | O |
18 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LOS JAPONESES construyen coches con cinco años de garantía que es muy raro ver tirados en las carreteras. Los ordenadores, en caso de quedarse colgados, se pueden apagar y encender a las bravas sin que pase nada. Los relojes, hasta los más baratos, son para toda la vida. ¿Y los calentadores de agua? Siguen fallando como una escopeta de feria. En los tiempos de la excelencia tecnológica todavía es un error apagar el calentador el viernes por la noche si te vas de fin de semana, porque las posibilidades de que no vuelva a encenderse el lunes por la mañana son muy altas. Normalmente, ciegos ante el aparato, nos dejamos el dedo contra el pulsador que prende la llama antes que llamar a los técnicos, que sí logran abrasarnos con sus facturas. Cualquier comprobación es fuego fatuo, porque el problema está dentro de un artilugio que es un gran desconocido para hombres, manitas y mujeres. Da lo mismo. Los calentadores siguen generando patéticas escenas en los hogares de aquí y de medio mundo: gritos ridículos desde el baño, paseos en pelotas, toallitas que no tapan nada... Todo con tal de evitar una ducha fría a veces tan dolorosa como necesaria.