CRÓNICAS URBANAS | O |
25 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.DEJAR EN manos de los políticos la valoración del comportamiento del turismo en Galicia en el año santo no va a ser muy clarificador para el futuro, como tampoco son fiables las sempiternas lamentaciones de los pequeños y medianos empresarios, que son mayoría en la comunidad. Pero es innegable que el pulso incesante del Camino (que directamente aporta bien poco al PIB) y las efectivas campañas del Xacobeo nos han librado de una crisis que ya parece inevitable y que echa por tierra una teoría que mantenían los listos del sector: el modelo de sol y playa está agotado, sí, pero sólo en España, porque los mismos que antes se ponían a la parrilla en el Mediterráneo español ahora lo hacen en la orilla africana, más barata y exótica aunque sin sangría. Se van por el mismo motivo que lo hacen las fábricas de coches (vivimos en un país caro) y porque son los propios gigantes del turismo de capital nacional los que han desviado sus inversiones hacia nuevos destinos, llenando hoteles y aviones que parten de Barajas hacia el Caribe o Túnez a parir de españolitos medios, pero también de alemanes, italianos o británicos, que eran nuestros clientes habituales. Galicia debe diferenciar su oferta de la de estos operadores-depredadores del ocio que nunca apostaron por nosotros y que han pasado del todo incluido al todo vale.