Cambio de imagen. Hacer el Camino no sólo puede llegar a cambiar la vida de uno sino también el aspecto físico. Tato, un joven bilbaíno, partió de San Vicente de la Barquera el pasado 8 de agosto con su bicicleta y aprovisionado con una pequeña mochila en la que portaba prendas de repuesto; concretamente un pantalón vaquero, una camisa fina y la colonia de Giorgio Armani, además de una maquinilla de cortarse el pelo. El encuentro con Corcho y Jaxinto, de San Sebastián, le costó un cambio de imagen; ayer llegaba al Obradoiro con los pantalones vaqueros recortados, una camiseta descolorida y con la barba de varios días. El «pijo», como así lo calificaron sus nuevos amigos, se había reconvertido a un estilo más desenfadado e incluso había tenido que dormir una noche tapado con cartones. La llamada de Santiago. «Una llamada interior del apóstol Santiago» fue lo que movió a la pontevedresa Patricia Lorenzo a peregrinar a Compostela. «Ya lo había hecho con mi madre en tren en 1993, pero ahora es diferente, me lo pedía el cuerpo y sentí como una llamada de Santiago», asegura mientras dirige su mirada hacia la catedral. Hace tres días salió de Tui montada en su bicicleta y un rato a pie y otro en bici, fue recorriendo kilómetros hasta que llegó a Cuntis, donde tuvo que parar porque la torcedura de la rueda trasera de su medio de transporte le impidió continuar. Tuvo que coger un bus para llegar hasta Santiago pero aún así comenta estar satisfecha y albergar un bonito presentimiento: «Creo que estoy embarazada», añade con una sonrisa. Un viaje diferente. Los franceses Olidiel y Lionel son dos viejos amigos que se plantearon peregrinar a Santiago para hacer un viaje diferente al de todas las vacaciones y con la intención de «descansar la cabeza y el espíritu durante unos días». A estos motivos hay que añadir que los dos pretendían descubrir los paisajes desde Sahagún, punto del que partieron, la gastronomía y la historia del Camino a través de sus monumentos. Lo que tienen claro es que no hicieron el Camino por motivos religiosos. Tras pasar dos días por la ciudad compostelana para «descubrir sus encantos», Olidiel y Lionel tienen pensado visitar las principales ciudades de Galicia aunque esta vez en autobús. Lluvia constante. Montados en sus bicis, los valencianos Juan, Ramón y Arturo recorrieron un promedio de un centenar de kilómetros cada día para llegar a Compostela. Estos tres amantes del ciclismo salieron hace ocho días de Roncesvalles y aseguran que ya lo hicieron más veces. Arturo, tío de Juan y Ramón, ya recorrió el tramo en los dos anteriores años santos, y a la pregunta de si lo volverá a hacer, contesta que seguramente se retire: «Ya no tengo edad, está bien para mis sobrinos que aún son jóvenes». Comentan los peregrinos que en esta ocasión les ha costado más que en las anteriores debido al mal tiempo, ya que la lluvia ha sido su compañera de viaje durante los ocho días. «Estuvimos a punto de abandonar», manifiesta Juan. A pesar de todo lo que pasaron, Ramón se apresura a revelar que para el próximo año santo piensan repetir la experiencia. «Cuando llegas aquí, se te olvidan todos los esfuerzos pasados», añade.