Reportaje | La mayoría continúa en la ciudad e incluso han montado negocios propios Varios inmigrantes hablan de su vida un año después de protagonizar un reportaje en LaVoz
17 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?ecidieron hacer las maletas y probar suerte. No en la provincia de al lado ni a tres países de distancia, sino que cruzaron medio mundo para aterrizar en Santiago. Atrás quedó una economía en crisis, familiares y amigos y, lo más difícil de cambiar, sus costumbres, su cultura y muchas veces su idioma. Llegaron a Compostela hace unos años. Este periódico se puso en contacto con ellos hace dieciocho meses. Su situación empezaba a estabilizarse, muchos contaban con amigos o familiares en España y todo eran sueños en una tierra que ven lleva de posibilidades. Un año y medio después a estos inmigrantes el destino les deparó suertes diversas. Algunos están ya ilocalizables, con lo que lo más probable es que hayan probado suerte en otras zonas o incluso que hayan vuelto a su país. Lo confirma Marcelo Italia, un argentino que entonces luchaba por lograr la ciudadanía italiana. «Ya pudimos conseguirla», asegura este padre de familia. Sigue en Santiago y se ha aventurado a montar su propio negocio en el sector de la construcción, en el que incluso cuenta con dos o tres personas más. Pese a que ellos siguen aquí y poco a poco van progresando, Marcelo reconoce que la vida para los que emigraron no es tan sencilla. Conoce sobre todo el caso de compatriotas suyos. «Muchos se han ido a Alicante o a las islas. Otros incluso regresaron. La gran mayoría no tuvo suerte, porque aquí todavía no está muy bien el sector de la construcción». En gallego A Marcelo y su mujer, afortunadamente la vida les va sonriendo. Su mujer incluso trabaja de vez en cuando en Infantilandia mientras los niños, Aldana de cinco años y Luciano de cuatro, mejoran su nivel de gallego, que ya es de nota. También continúa en Santiago Claudia Golodyszcz, y quien la conoce bien asegura que su vida ha dado un giro radical en el último año. Su llegada en julio del 2002 fue un poco accidentada ya que incluso tuvo problemas con la persona que le pagó el billete de ida para él y su pequeño. Ahora trabaja y se ocupa de su hijo, mientras confía en que la vida siga yendo hacia adelante. Viaje a China Los argentinos constituyen el colectivo de inmigrantes más numeroso en los últimos años. Pero hay otros. Qiu Jian Cei llegó a Santiago procedente de su región natal, Shangai. Alejandro ya habla castellano, aunque a sus cuatro años se entiende muchísimo mejor con los niños que con los mayores. Siguen con su comercio de ropa, situado enfrente de la sede de la Cruz Roja en la avenida de Lugo. Allí reconoce que el año ha sido muy flojo. No sabe cuáles han podido ser las causas pero la gente se resiste a entrar. Por lo demás siguen contentos en Santiago. Emilio -como le llaman todos ahora- tiene familia repartida por toda España y su mujer también, por lo que en ese sentido no lo pasan mal. Hoy es además un día muy especial para ellos. Sobre todo para Alejandro, que viaja a China con su mamá para conocer a su familia. De ida y vuelta Algunos como Germán Beiroa, que hace un año y medio vivía con su sobrina, se han independizado ya, aunque son continuas las visitas a su sobrino Roque, un bebé guapísimo que nació en agosto del 2002. Germán es, como todos sus compañeros, optimista pero sin despegar los pies de la realidad. Porque a nadie le está siendo fácil salir adelante en una comunidad en la que el paro sigue siendo uno de los principales problemas. Fuerzas no le faltan a este bonaerense que se fue de Santa Lucía cuando sólo era un niño. Acaba de asociarse a una cooperativa de jardinería en Vedra, Terra do Ulla, después de realizar otros trabajos. Son tres socios, y sí, reconoce que va progresando en la vida, «pero es duro». A Miguel Torres, ecuatoriano, resulta imposible encontrarlo dieciocho meses después. En CIG-Migración ya no tienen ningún contacto con él. Quizás volvió a su país, ha probado suerte en otros lugares o, y ojalá sea esta posibilidad la verdadera, ha logrado en Santiago lo que no consiguió en Sudamérica. Cada año el censo compostelano aumenta su porcentaje de extranjeros, muchas veces con inmigrantes de países a los que los gallegos llegaron hace cincuenta años. A estos nuevos compostelanos la vida les ha dado un fuerte golpe al tener que abandonar su país y su familia, pero han conseguido adaptarse a un mundo diferente, en el que a veces ni siquiera se les recibe como merecen, con los brazos abiertos.