Separados por el servicio militar

Ana Gerpe Varela
Ana Gerpe RIBEIRA

SANTIAGO

S. BALVÍS

Reportaje | Las peripecias de una familia residente en Boiro por reagruparse La obligación de realizar la mili en el país que le vio nacer, Cuba, impide al joven de 15 años José Enrique Vilar Isern, reunirse con su familia en la villa boirense

24 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde hace meses, Glenisbel Vilar, una ciudadana española nacida en Cuba -de padre descendiente de gallegos y madre de origen cubano- transita de un despacho a otro en busca de una mano dispuesta a tocar los resortes legales o diplomáticos necesarios para que su hermano de 15 años, José Enrique, pueda reunirse con ella, su marido y la madre de ambos en su nueva casa, en Boiro. La mili, que en Cuba deben hacer los varones mayores de 16 años, es la culpable de que José Enrique se encuentre en la isla prácticamente solo y cobrando al mes una pequeña cantidad de dinero, 50 pesos, que ni la persona más ahorradora del mundo lograría estirarlos para que llegasen hasta fin de mes. La odisea comenzó el año pasado, cuando Glenisbel Vilar y su esposo, Pedro Luis Remón, decidieron probar suerte en España. Recalaron en Boiro, las cosas iban bien y se determinó que toda la familia comenzase una nueva vida a los pies de la ría de Arousa. Purísima Isern, la progenitora de Glenisbel, hizo valer su condición de madre de descendiente de españoles para obtener el visado. Sin embargo, con su hijo José Enrique, que tiene las nacionalidades cubana y española, no tuvo tanta suerte. Purísima Isern consiguió la baja consular de su hijo en junio del 2002 y arregló en la embajada española los papeles para que pudiese abandonar la isla con ella. Hasta aquí todo iba bien, los problemas comenzaron en el Ministerio del Interior de Cuba. En este organismo le exigieron una firma del ejército, Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) para entregarle la Carta Blanca -permiso de salida- de José Enrique. Por culpa de esa firma, denegada en reiteradas ocasiones por las FAR, la familia está separada y vive un auténtico calvario. El joven José Enrique Isern fue alistado por el gobierno para hacer la mili en Cuba y hasta que no cumpla con sus obligaciones para con la patria que le vio nacer no puede dejar la isla. No importa que tenga 15 años, ni que su madre se halle en otro continente, ni que al habérsele tramitado la baja consular haya tenido que abandonar la escuela. Muy a pesar suyo, la madre tuvo que dejar a su hijo porque el permiso de salida que tenía iba a caducar y corría el riesgo de que no se lo renovasen. Pero, antes de salir, contrató a un abogado cubano para que intentase resolver el problema. De nada le sirvió. Glenisbel Vilar ya no sabe a qué otras puertas llamar para que su hermano pueda reunirse con ellos: «Allí está desamparado. Además, él tiene pasaporte español y derecho a residir en este país». El martes, Glenisbel Vilar y su familia se entrevistaron con el secretario de Fraga Iribarne, quien, al parecer, no le dio demasiadas esperanzas. Quien sí les hizo albergar alguna fue un representante de la consellería de Emigración, con que el que se entrevistaron hace una semana. Éste les dijo que realizaría los trámites pertinentes para que el joven pudiera reunirse con ellos. Periplo En su desaforado intento porque José Enrique Vilar pueda abandonar la isla, su familia acudió a la Policía Nacional de Ribeira; al Concello de Boiro y, como no, al consulado de Cuba en España. Estos nuevos vecinos boirenses ya no saben qué hacer. Albergan el temor de que después de hacer la mili, José Enrique Vilar Isern todavía se vea obligado a permanecer otros tres o cinco años en el país. Las llamadas telefónicas a Cuba son caras y la madre está preocupada porque su hijo está sin escolarizar: «Qué hará», se pregunta con angustia.