HABERLAS HAYLAS | O |
17 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ESTÁN los compostelanos en pleno sprint de final de fiesta laboral, justo con la lengua fuera antes del ejercicio activo del ocio, su derecho a la vagancia maleante del dolce far niente que suponen las vacaciones, ese paréntesis que siempre se queda corto. Se irán a Barraña, la Compostela, Cabío, Broña o Louro, playas de cercanías, la terraza marítima de la casa. Los más aventureros y ecologistas optarán por el castro de Baroña o Ancoradoiro, paraísos domésticos del nudismo a pequeña escala, esos desprejuiciados escandalosos que se cambian la camisa por la piel semi-bronceada o láctea. Pero ya saben: manos blancas no ofenden, que diría el poeta. Julio y agosto están a la vuelta de la esquina y es preciso despejar la mente y abrir el espíritu para que entre aire fresco, ideas luminosas que hagan más vivible nuestra prosaica cotidianeidad individual y colectiva. La huída hacia delante, la gran escapada. Ahí está en el horizonte el 2004, Año Santo, la riada peregrinatoria, nuestro alimento nutricio a plazo fijo. Nuestra zanahoria particular, se hace camino al andar. Y yo vivo sin vivir en mí, teresiano, místico, preparando mi próximo periplo de ermitaño. Tonto el que quede de último.