A CADEIRA | O |
23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.UN HOMBRE QUEMA la casa de su mujer en Pontevedra; la candidata del PP en Teruel es asesinada por su marido -once disparos, por si quedaba duda de si se trata de un arrebato momentáneo-; la casa de acogida de Santiago se amplía ante el aumento de la demanda de mujeres maltratadas... No es una ardua investigación para recopilar los casos de malos tratos en los últimos meses. Son las noticias que recogieron los dos últimas días casi todos los periódicos gallegos. Sólo un sentimiento de inferioridad puede explicar semejante irracionalidad. La inseguridad, la imposibilidad de sobrevivir solo, la necesidad de control, el sentimiento de posesión o la simple maldad aprovechando la única debilidad de la mujer respecto a él, -su inferioridad física-, para evitar que finalice la última esclavitud que se conserva intacta y en auge en los países occidentales, y ante la que cualquier rebelión -separaciones, abandones del hogar-, se infringe siempre el mismo castigo: la muerte. El Concello amplía la casa de acogidas, se amplía la lista de víctimas, se amplían las voces en contra. ¿Algún día se ampliarán sus cerebros?