Néstor Rego recurre a la práctica electoral de pedir el voto puerta a puerta para ponerle rostro a su nombre Bugallo, feliz de que Dositeo siga largando sobre el proyecto para Casas de Ramírez
12 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?Pum, pum) -¿Quién es? - Son Néstor Rego. -¿Quién? Es él. Néstor Rego. El hombre que saltó al primer plano de la política local después de que el BNG se cansara de Encarna Otero. Desde entonces, ganó protagonismo en los papeles, pero en la calle es muy poco conocido. Con los ojos cerrados, sólo sabríamos de él el 56,3% de los compostelanos (Sondaxe, 4-5-2003) pero ahora nos mira con picardía desde cientos de farolas, y eso se nota incluso cuando visita barrios tradicionales como San Lázaro. Ayer se lanzó de nuevo a la calle y claro, al final la gente lo reconoce. Un tipo bajito y sonriente, con más pelo en la barba que en la cabeza y con folletos en la mano sólo puede estar pidiendo el voto: el alcalde no es, y pinta del PP tampoco tiene, así que blanco y en botella. De momento, ahí sigue con su trabajo de hormiguita que, según las encuestas, le permiten seguir participando en el gobierno local. Atómico. La fuerza de una calva Aún así, cabe reprocharle una cosa a los estrategas nacionalistas. Algo tan tonto como empeñarse en esconder la calva de su líder en los carteles electorales, que no es nada nuevo y que no pasa desapercibido para nadie. Lo hizo el PSOE con Joaquín Almunia en las pasadas generales y ya ven cómo acabó. El que disimula, algo esconde, pensarán los avispados electores. Bugallo, que no es George Clooney, parece que ha sabido sacar rendimiento a otros valores como la paciencia y la observación. Y esto último es lo que hace ahora, esperar que Dositeo, su rival directo (al fin y al cabo Rego es colega de gobierno) se estampe en las urnas por culpa de su proyecto para las Casas de Ramirez. «Que fale, que fale, que xa sabe que iso é imposible de facer por moitos motivos», afirma con rotundidad. Ya, pero mientras habla, crea expectación. Y esa aportación del PP a la campaña ha sido interesante en la medida que ha obligado a la gente a abrir sus ojos y su mente, a reflexionar aunque sea por un minuto sobre el modelo de ciudad que quiere, a posicionarse en un asunto que no es de derechas, ni de izquierdas ni de los «bloqueiros y melenudos», como dijo Caneda. Un efecto que no se consigue ni con siete millones de metros cuadrados de suelo industral (PSOE), ni con la creación de un ente de promoción industial (PP) o con una oficina para la inserción laboral (BNG), asuntos todos que al pueblo llano le entran por una oreja y le salen por la otra. O ni eso. El pollo del Ensanche Pero eso sí, lo de montar un pollo en pleno Ensanche y además poner un vídeo con recreaciones virtuales es innegable que engancha. Lo malo es que socialistas y nacionalistas pueden recurrir a las imágenes reales de sus logros, y eso ya es la repera. Habrá que seguir muy de cerca los resultados en las mesas electorales del colegio Peleteiro, que es donde votan los más interesados en este asunto. Y hablando de Peleteiro, ¿el alcalde no quería poner esa manzana patas arriba con un proyecto similar? Es la hora del contraataque.