Las municipales son en teoría unas elecciones cercanas a los vecinos, y mucho más cuando se trata de ayuntamientos pequeños. Durante la campaña, en la comarca compostelana no salen a relucir nombres de grandes arquitectos, ni promesas desbocadas, ni macroproyectos millonarios. En Toques, Trazo o Dodro pervive el mitin de bar y quinto de Estrella Galicia, que es un poco lo de todos los días pero sin fútbol. A estos encuentros suelen asistir segundones del aparato sin cargo público y, claro, el candidato de turno. Pero también hay excepciones. Ayer, en Frades, por ejemplo, asomó el Audi oficial de Jaime Pita, conselleiro de Presidencia, un político que no ha sido profeta en sus tierras de Betanzos pero que en el cuerpo a cuerpo de campaña es letal. Como Makelele, para entendernos. A diferencia de Aznar, nunca dejó de llamar comunistas a los de Izquierda Unida. El local social y el teleclub En las filas socialistas será Miguel Cortizo el que vuelva a dar el callo por los teleclubes y locales sociales de la comarca. El parlamentario compostelano se estrenó ayer en O Pino arropando al candidato, José Luis Fernández Paderne, y en los próximos días se multiplicará para azotar a los populares, que copan casi todas las alcaldías que cercan el municipio de Santiago. El BNG también ha movilizado a sus parlamentarios. Los nacionalistas, con menos recursos económicos, celebraron ayer la Festa da Mocidade en el bar O Patio de Vedra, a la que asistió la diputada Tereixa Novo. Muy cerquita de allí, en Boqueixón, su colega de escaño en O Hórreo Xesús Veiga acompañó al candidato Xavier Canabal. Fue en un garito llamado A Chave. Los estrategas políticos de salón, sin embargo, no reparan en una circunstancia importante. No sé por qué, a los bares de pueblo todavía van pocas mujeres. Y son más de la mitad del electorado.