Paco Sánchez asegura que «nunca representé una obra de Valle y sin embargo creo que llevo toda la vida trabajando con él»
08 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?or fin La Zaranda llega a Santiago. 25 años de existencia y lo más cerca que ha actuado este grupo de Andalucía la Baja fue en Ribadavia, hace casi diez años. -¿Hay meigas con La Zaranda? - No lo sé. Pero estuvimos a punto de venir muchas veces y nunca llegó. Y no es por que esté aquí, pero es una visita que quería realizar, tenías muchas ganas. Entre otras muchas cosas por Valle-Inclán. Lo dije una vez en una entrevista, del siglo XX me quedo con Valle. Quería venir porque no te puedo describir la sensación de entrar en la catedral, pero sobre todo, porque he ido a la plaza de abastos y no puedo describir la emoción de ver a las señoras vendiendo, de mirarles las manos y ver la vida que tienen. Esto también es Valle. Valle tiene mucho de Galicia y La Zaranda tiene algo de Valle. Por eso tiene algo especial estas representación. -La obra de La Zaranda que se vió en Galicia fue Perdonen la tristeza. ¿Que tiene de parentesco con Ni sombra de lo que fuimos? -Parentesco hay porque somos nosotros, pero además cuando hicimos aquella obra era un momento de reflexión de la compañía, de mirar atras. Ahora, que cumplimos 25 años, es un momento similar. -¿Sigue habiendo aquel humor dolorido? -Sigue existiendo, pero digamos que hemos envejecido y hemos buscado lo esencial. También hemos roto con las reiteraciones con las que jugábamos entonces. Hasta nos hemos atrevido a rescatar personajes nuestros de otros montajes que ahora se aparecen a visitarnos. -¿Se está perdiendo la poética de las compañías? -Alguién dijo: llegó el progreso y nos retrasó bastante. Nosotros hacemos un teatro de fe. Ahora pasa que el hombre está tan solo que le da miedo hacer teatro en compañía. Porque hacer teatro es hacerse la pregunta y la pregunta hay que hacerla con el público. No hacen faltan las grandes masas, hacen falta las grandes minorías. El teatro sucede, pero no sé explicarlo porque tampoco puedo explicar lo que siento cuando entro en la catedral de Santiago: el teatro es una revelación.