CRÓNICAS URBANAS | O |
08 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN LOS últimos días ha trascendido que en España ya hay tres millones de personas que viven solas. Es un dato preocupante en la medida que la sociedad, y especialmente las ciudades, no están preparadas para asumir este nuevo perfil. De forma voluntaria o no, lo cierto es que cada vez hay más gente que se sacude la carraspera de la mañana pidiendo una café en el bar de abajo. Esta opción de vida se estrella a diario con los estereotipos familiares que triunfaron durante el desarrollismo y que habría que empezar a superar. De hecho, parece que los únicos que han entendido esta realidad son los fabricantes de mermelada, que te dan la opción de comprarla en envases grandes o en pequeñas tarrinas individuales como las de los hoteles, que son lugares en los que es muy fácil sentirse solo. Y ahora que aprendimos que la vida es algo más que nacer, crecer, reproducirse y morir, resulta que otra encuesta sentencia que vivir en pareja sólo permite un ahorro de los gastos mensuales del 14%, una bagatela. Así las cosas, es lógico que lo que más le preocupe a algunos corazones solitarios sea que alguien les eche de menos antes de que los vecinos protesten por el mal olor.