MIGUEL PEREIRO

La Voz

SANTIAGO

MERCEDES ROZAS PUNTO DE FUGA

27 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde siempre en la creación plástica se ha utilizado toda suerte de procedimientos para expresarse. De manera especial, la libertad de fusionar la materia con el arte, implantada por las primeras vanguardias y fomentada a lo largo del XX por nuevas generaciones, ha engendrado una gran variedad de posibilidades formales, que han dilatado los márgenes de lo artístico hasta el límite de lo desconocido. La pulsión de aquellos primeros collages cubistas, que con atrevimiento incorporaban tarjetas de visita, etiquetas de botellas de vino o recortes de periódico, fueron el prólogo de experiencias posteriores en las que la materia consiguió dominar totalmente el espacio pictórico. De aquellos pasos nos quedan testimonios artísticos como el de Picasso cuando añadió al óleo, posos de café, serrín y arena o el de los dadaístas y surrealistas interpretando la obra de arte a través de objetos encontrados. La búsqueda de nuevas opciones llevó a los expresionistas americanos a investigar una técnica que ofreciese la ventaja de la inmediatez; esta cualidad la proporcionaba el acrílico. Con él descubren, también, la gestualidad y la consiguiente plasticidad de la pintura. Estas herencias técnicas, y más en concreto la que competirá a partir de ahora con el óleo, se mantienen vigentes en la actividad creadora de muchos artistas actuales. Todas las obras que presenta Miguel Pereira son acrílicos que sólo en algunas ocasiones se ven alterados por la irrupción de otros materiales, pequeños elementos que surgen en el cuadro matizando el informalismo de los fondos y ofreciendo todas las cualidades de la materia; los fragmentos arrugados de papel, las imágenes silueteadas de cartón afectan de lleno a la pintura y articulan la composición. En estas piezas lo de que «la forma es materia» -apuntado por Valente hablando de la obra de Tàpies- se convierte en verdadera acepción plástica. Esta interacción de procedimientos capta parte del interés del espectador. Son particularidades que en estos cuadros de pequeño y mediano formato reclaman nuestra atención. Otro rasgo distintivo es el título de las creaciones expresado en las cartelas. Miguel Pereira trabaja una pintura abstracta donde la realidad objetiva se diluye entre manchas y colores, en cambio, existe para el pintor un argumento reconocible que habla de la profundidad del mar, de amaneceres en la ría o de héroes y reinas de ficción. Estas sugerencias temáticas llegan desde una estructura gestual perfilada con la ilusión espacial creada por texturas y tonos, elementos que, sin duda, ejercen un papel importante en esta exposición.