DOS CIUDADES

La Voz

SANTIAGO

XERARDO ESTÉVEZ COMPOSTELANEANDO

16 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

No era necesario que la Unión Europea lo declarase. Compostela, antes y después del año 2000, es una ciudad culta. Este hecho es el resultado de dos mil años de historia, el sedimento material e intelectual de la religiosidad, la universidad, la construcción urbana. Todo ello completado a través de cinco lustros democráticos siguiendo tres líneas de fuerza fundamentales: la expansión urbanística de una ciudad en proceso de desarrollo y modernización, la dotación de equipamientos y espacios públicos acordes con ello y con su condición de capital autonómica, y la rehabilitación de un legado patrimonial de valor excepcional. Al esfuerzo constructor que, arrancando del primitivo castro de Santa Susana, condujo a través del románico, el renacimiento, el barroco, el neoclasicismo, hasta el día de hoy, se incorporaron las administraciones estatal, autonómica y local para hacer que Santiago de Compostela llegase a merecer de la Unión Europea el premio de urbanismo y el título de ciudad europea de la cultura. Frente a ella, a la parte de levante, se está alzando una nueva Ciudad de la Cultura. En todo tiempo los poderes públicos de todos los colores políticos han recurrido a la arquitectura como forma de expresión y representación perdurable. Más si cabe en Compostela, que es la ciudad de la arquitectura por excelencia. Este es un magno proyecto con una interesante propuesta arquitectónica que, a fuer de posmoderna, vuelve la vista a la parte antigua en más de un aspecto. Considero un acierto la decisión de rendir homenaje a uno de los grandes teóricos de la arquitectura moderna, John Hejduk, recuperando el proyecto que hiciera para Belvís. Pero lo único que se conoce es su definición formal. Eso suscita una serie de cuestiones que parece pertinente formular desde la fase inicial de su realización. Desde el punto de vista urbanístico, resulta esencial la conexión territorial de este enclave con la ciudad y los espacios circundantes, así como el tratamiento y preservación de un entorno tan singular y delicado como las brañas de Sar. En materia de contenidos, dado que el programa no se conoce en detalle, surge la inquietud sobre su carácter innovador o repetitivo; es decir, si aportará nuevas vertientes a la actividad cultural de la ciudad o si podrá llegar a suponer un menoscabo para el Auditorio de Galicia, el CGAC, el Museo do Pobo Galego y las demás entidades que marcan la agenda cultural. Es una cuestión de cooperación/competitividad en el seno de la propia ciudad. En lugar de crear una dicotomía entre la Ciudad Culta y la Ciudad de la Cultura, ambas deben integrarse en un proyecto común y complementario que imprima nuevo impulso a la Compostela del Apóstol, de Fonseca, de Rosalía, pero también de Granell, Torrente y tantos otros.