Melide clausuró los cursos formativos del 2001 con una suculenta demostración gastronómica Un acertijo comarcal. ¿Saben ustedes cuál es la cita gastronómica por excelencia de la Terra de Melide? No es la feria de la ternera gallega. Tampoco la fiesta del melindre. Se trata del curso de cocina que se imparte en la Unidad de Acción Formativa (UAF). Más de mil horas de clases que convierten a sus alumnos en artistas consumados de los fogones. Y así lo demostraron esta semana, con 24 recetas de alta cocina que derrotan la vista del inapetente y entran a saco para conquistar a los paladares más sibaritas.
19 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Las instalaciones de la UAF estaban preparadas para el acontecimiento. Allí se congregaron los alumnos de cocina, confección industrial y asistencia a domicilio. Era la clausura de los últimos cursos del 2001. Mientras el director del centro, Rafael Guerrero, y la delegada de la Consellería de Familia, Rosa Gómez Díaz, daban sus discursos protocolarios, la mirada de más de uno se escapaba de reojo hacia las mesas servidas. Nadie pudo eludir el hechizo visual de los platos aguardando. Y tras la palabras de rigor, por fin la libertad, la ansiada conquista de un territorio codiciado por el paladar. Cojan aire, que ahí van las recetas: pirámide de langostinos con salsa de algas y pomelo, ensalada de marisco sobre góndola de frutas tropicales, galantina de ave trufada sobre gelatina al Oporto, salmón relleno de mousse de queso y foie de pato trufado, pimientos del piquillo rellenos de salpicón de bacalao con salsa de boletus edulis, guacamole sobre pan tostado con anchoas, empanada de chipirones con masa de algas y maíz, y bacalao marinado con vinagreta de pimiento asado. En cuanto a las carnes, se pudieron probar jamón de pato, jamón de cerdo asado con puré de manzanas, delicias de piña y jamón, brochetas de pollo al curry con jamón y piña, jamón relleno de espárragos trigueros con mousse de gambas y codillos de cerdo confitados en salsa de boletus edulis. Para los más tradicionalistas, no faltaron los platos a base de grelos ni el pulpo, en forma de petit choux de grelos rellenos de mejillones con ali-oli, quiche lorraine de grelos y queso parmesano, croquetas de pulpo y chipirón y pulpo de la ría salteado con gambas. Y para acabar, si aún queda algo de hueco en la barriga, los postres: petit-choux de chocolate rellenos de crema de castañas con caramelo, tarta de castañas con jalea de calabaza, biscuit de café y whisky con salsa de toffe y charlotte de chocolate con trufa. Sin lugar a dudas, los nuevos cocineros de las tierras de Melide se sitúan ya a la altura de restaudadores de la talla del mismísimo e inefable Juan María Arzak.