La cabalgata de los magos de Oriente salió con casi una hora de retraso de la estación del ferrocarril de Santiago Con una hora de retraso sobre el horario previsto llegó ayer a la estación del ferrocarril de Santiago el tren procedente de Oriente, en el que llegaron los Reyes Magos. En el andén y en la explanada de Renfe esperaban numerosos niños -y aún más papás y abuelos- desde antes de las cinco de la tarde. Los Reyes Magos fueron recibidos con aplausos y «vivas», que fueron correspondidos por sus majestades con saludos y reparto de los primeros caramelos del recorrido. Melchor, Gaspar y Baltasar salieron de la estación subidos en sus carrozas y acompañados de su séquito de pajes, princesas, hadas, nomos y ángeles.
05 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.MARGA MOSTEIRO SANTIAGO Cuando el sol empezaba a ocultarse en Compostela se oyó el sonido más esperado por los cientos de compostelanos que aguardaban en la estación. La sirena del tren de los Reyes Magos sonó y los niños del tren de los globos saltaron de alegría. Casi al instante empezaron a corear los nombres de sus majestades. Los semblantes de aburrimiento de Carmen y Nerea se transformaron en alegría; Ainhoa lanzó un «por fin» al aire que sonó a cansancio; y el pequeño Tino preguntó si ya llegaban. Delante del tren, en la carroza de los ángeles -no menos impacientes- se respiraba el mismo ambiente de inquietud. Con la aparición del primer rey, Melchor, comenzó la fiesta; detrás de él fueron subiendo a sus carrozas, aparcadas en la puerta de la estación, los reyes Gaspar y Baltasar. Los cientos de niños corearon sin parar los nombres de sus ídolos de Oriente, que iniciaron pasadas las seis de la tarde la cabalgata por los calles del Ensanche para entrar en el casco viejo a las siete de la tarde y hacer su aparición en el Obradoiro alrededor de las siete y media. El primero en saludar a sus majestades fue el alcalde de Santiago, Xosé Sánchez Bugallo, que estaba acompañado de toda la corporación. Después de los saludos de rigor, Melchor, Gaspar y Baltasar subieron al salón noble del Pazo de Raxoi para ocupar sus tronos.