RÚA DE O POMBAL

La Voz

SANTIAGO

LUIS CRISTOBO MI CALLE

05 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

En un pombal suele haber palomas y, para no contradecir la sociolingüística, en nuestra calle Pombal hay palomas torcaces, mensajeras, pichonas, de fantasía y palomas de la paz después de la batalla. Es una calle marcada por el sino pecaminoso del disfrute de la carne, una perversidad de los sentidos homologable al disfrute de un buen godello, pero con mala reputación social, justo al revés que el vino de calidad, un reducto de gourmets. Campaban otros tiempos, cuando nuestros enemigos acérrimos eran el mundo, el demonio y la carne, esos entes vagamente abstractos que retraían nuestro espíritu conquistador de ancha es Castilla. Ahora el mundo se identifica con Bush, el demonio es Bin Laden y la carne parece ser la de la vaca loca. O eso nos dicen. El Pombal siempre fue referencia liberal de bragueta inquieta, de sexo a tiempo parcial, una modalidad contractual del amor comprado, eso que dicen que es una reacción química y que genera monolitos, torres gemelas y el embargo de la escuálida cuenta bancaria. Pero la calle es más larga que el sexo comprado, también hay amor y casas convencionales, a caballo entre los dominios de la epistemología universitaria y del rural de berzas, todo un mundo. lcristobo.santiago@lavoz.com