El departamento de Bioquímica y Biología molecular analiza el ADN de las conservas para comprobar su autenticidad Tras la trastienda de pupitres y exámenes, se esconden las pipetas y las batas blancas. Un universo de genios dispuestos a descubrir o inventar lo inimaginable. Tras un breve paseo por los laboratorios de la Universidad, la ciencia ficción se aproxima a la sociedad. Con el lema «Hay que ser mucho atún para ser...», se publicitaba en televisión una prestigiosa marca de conservas. ¿Pero es auténtico atún claro (thunnus albacares), el que adquiere el consumidor en los supermercados? El departamento de Bioquímica y Biología molecular de la USC y el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo llevan siete años realizando análisis de ADN para identificar si el pescado con el que se elaboran los productos procesados se corresponde realmente con el que se explicita en el envoltorio.
16 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los consumidores pueden estar tranquilos. El fraude en las conserveras es prácticamente inexistente. Un grupo de investigación de la USC, coordinado por Manuel Rey Méndez, y otro del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo, trabajan desde hace siete años en la identificación de pescado mediante análisis de ADN. El objetivo de estos proyectos es determinar si el contenido de las latas de conservas, potitos, sopas, ahumados o harinas de pescado, contienen realmente el tipo de pescado que venden. «Dende fai uns anos, non existe fraude intencionado nas conserveiras. Hai un dez por cento de peixe que non se pode separar porque non é posible facelo, como no caso das dúas especies de atún, thunnus albacares e thunnus obesus, moi semellantes cando teñen un tamaño pequeno e que se pescan xuntas», señala el profesor Manuel Rey Méndez. Único sistema fiable Hasta el momento en el que empezaron a llevarse a cabo estas investigaciones conjuntas, era imposible determinar si el contenido de una lata de conserva pertenecía a una u otra especie. El único sistema utilizado, mediante el análisis de las proteínas, no se ajustaba a la realidad porque este componente acaba degradado en los alimentos procesados.