Ritual, evocación y ofrenda floral

La Voz

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

XOSÉ MARÍA PALMEIRO ALDEA ÚNICA

01 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Pequeñas velas, pequeños faroles, a modo de vagalumes metálicos, y flores. Sobre todo, flores para tender invisibles puentes de pétalos con quienes ya no están y permanecen en el recuerdo, en la emoción y en el silencio. De flores se llenaron ayer, y anteayer, nuestros camposantos. De colores, aromas y plegarias bajo la lluvia. También de encuentros en la soledad acompañada de la parroquia de los muertos. Muerte y vida frente a frente. Como siempre, desde el inicio. No recuerdo el nombre del lugar, pero sí la leyenda sobre la puerta de un cementerio: Como te ves me ví; como me ves te verás. Algo así como un aviso a caminantes, aún cuando veñan de lonxe e vaian de paso. Un recordatorio de otro espacio y otro tiempo. No precisamente urbano. Escribió Marcial Gondar Portasany: «Uno de los rasgos característicos de la moderna cultura urbana occidental es el ocultamiento de todo aquello que tiene relación con la muerte. Hoy en día cada vez más, la muerte es considerada como un suceso privado, de suerte que después de un brevísimo período de duelo se espera que la persona afectada se comporte de igual manera que cualquier otro que no pasó ese trance». El antropólogo habla de la desritualización de la muerte, también en el mundo no urbano. Del distanciamiento redefinidor de una relación que encuentra una aproximación ritual en cada manojo de flores cuidadosamente colocado en el camposanto que cada noviembre florece y espera.