El cantante, que se quedó encerrado en un ascensor minutos antes del concierto, durmió durante toda la mañana de ayer Ya pasaban unos minutos de la hora oficial del comienzo del recital y las fans de Enrique Iglesias se removían en la pista del Multiusos de Sar. Mientras, al otro lado del escenario, una legión de guardaespaldas, bomberos y técnicos se movilizaban con no menos inquietud. El cantante, la estrella, el divo que a esa misma hora tendría que estar colgado de los techos del pabellón haciendo acrobacias con su voz y su cuerpo, estaba encerrado en un pequeño ascensor. La diligencia del 080 permitió que todo quedara en un susto que retrasó el recital en casi una hora. Nada importante que impidiese al chico dormir plácidamente toda la mañana de ayer.
26 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Enrique Iglesias llegó al Multiusos de Sar minutos después de haber aterrizado en el aeropuerto de Lavacolla en su lujoso jet privado. Tres horas después, justo a la hora de comenzar el recital, el rey del pop latino se encontraba encerrado en un pequeño ascensor entre dos plantas del recinto con otras cuatro personas, miembros de su séquito que le acompaña doquier vaya. El problema fue la sobrecarga de peso. La escenita duró unos minutos _quince dicen unos, tres opinan otros_ en los que los presos estuvieron muy tranquilos ya que estaban en contacto con el exterior gracias a los walkies de los chicos de seguridad, que avisaron a la dotación de bomberos desplazada al lugar, que actuó rápidamente. Tras este pequeño incidente, el cantante se puso el traje de faena y salió a la palestra durante hora y media. Iglesias cenó en el propio pabellón con los miembros de su equipo (pollo, ensaladas, empanada gallega y algún que otro vino de la tierra) y a las dos de la mañana se desplazó al Hostal dos Reis Católicos, como estaba previsto. Enganchado a Internet Según comentaron sus colaboradores más cercanos, el nuevo rey del pop latino se mostró encantado por la amabilidad con la que le habían recibido en la tierra de su abuelo. A pesar de su felicidad, Enrique se pasó navegando por Internet, una de sus pasiones, entre las dos y las seis de la mañana. Luego se fue a dormir. Solo, según sus allegados. El artista le pidió expresamente a sus colaboradores, con los que le mantiene una estrecha amistad, que a la mañana siguiente le despertasen pronto para poder salir a comer a algún restaurante de Santiago. Finalmente, prefirió quedarse abrazado... a la almohada. Enrique Iglesias optó por tomarse algo en la habitación _tenía unas pequeñas molestias en los oídos tras el atracón de watios_ y desde los garajes del Hostal partió raudo hacia el aeropuerto, donde su piloto personal diseñaba el viaje que trasladará a nuestro cantante más internacional a Moscú.