Una revelación


Los hechos acaecidos en los últimos días habían dado un nuevo giro, el suave sueño no alcanzaba su destino, los proyectos encajados en escuadra y la memoria del corazón, que se gasta con la pena y olvida más rápido, se atrofiaba con la fatiga.

Los largos días acumulados de una existencia que, a fuerza de estar exenta de esperanza, había perdido todo resentimiento, reflejaba un resplandor sordo que no se sabía de dónde venía.

Había encontrado en el orgullo una voluntad que terminó por hacer las veces de coraje. Era rebelde y por ende desafiante, reivindicando una felicidad que despertaba contra el sufrimiento de un espíritu que flotaba por encima de lo terrenal, ya que someterse a lo humano era más cómodo, pero no más libre.

Una lucha agotadora. Su búsqueda era incesante, su necesidad también, la primera manifestaba su original instinto, la segunda mantenía el norte de sus objetivos.

A falta de fuerza, tenía sus manos y su mente para elaborar aquello que podía elevarle hasta eludir en ciertos momentos sus circunstancias, y levantarse de nuevo, porque su rebeldía era inalcanzable.

Y así prosigue, progresa, evoluciona, en soledad, o en amor u ondeando sus emociones sobre una base de arena, negándose y agitándose después del sufrimiento o a través de él. Su gusto por la evasión no bastaba para explicar su rechazo a lo real, hay que ver en él, al retiro del alma, que, en su decepción, edifica su torre sin aceptar escaparse.

Así creó una novela, la de su vida y la de tantas otras, que, siendo cautivas de sus circunstancias, núcleos de una realidad demasiado aplastante, fabrica con ella un destino a medida, otra vida para el escritor y sus lectores.

Alicia Muíños Cal, contable, 54 años, A Coruña.

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