Esperando la primavera


«Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere…». En el camino que llevaba a la que había sido la casa de la abuela deshojaba cada mañana unas cuantas margaritas esperando encontrar respuesta a aquella pregunta, pero a cada flor la respuesta era distinta.

Así pasó todo el verano, sin atreverse a formular la pregunta a quien de veras debía. Llegó el invierno y una mañana el camino amaneció desierto de margaritas, que no habían soportado la helada de la noche.

Entonces decidió que lo mejor sería sentarse a esperar, porque seguro que, en cualquier momento, alguna de las flores revivía y podría formularle de nuevo la pregunta. Sin embargo, pasaron los minutos, las horas y nada. Ella se fue acurrucando para intentar resguardarse del frío, hasta que, sin darse cuenta, se quedó dormida. Fría como un témpano de hielo y pálida como la nieve, la encontraron dos vecinos a la mañana siguiente y pensaron que había muerto.

Durante varios días estuvo inconsciente, y, cuando despertó, miró a su alrededor y esbozó lo que parecía una sonrisa. Desde la cama podía ver cómo los rayos de sol se colaban por las ventanas a intervalos y la pared del pasillo parecía una pantalla de cine donde se estuviera proyectando una película antigua. Enseguida, él empezó a recriminarle que si estaba loca, que cómo se le había ocurrido quedarse fuera con aquel frío, que si tenía la cabeza llena de pájaros, que a su edad…

Cuando por fin se recuperó volvió a salir, se sentó en el mismo tramo del camino y decidió permanecer allí esperando que llegase de nuevo la primavera y floreciesen las margaritas. Ya no pensaba deshojarlas. ¿Para qué? Tenía la certeza de que no la quería.

Raquel Puente Carballo, periodista, 46 años, Vallverd (Tarragona).

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Esperando la primavera