Óscar Camiño Santos. 40 años. A Coruña
12 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.-Abuelo, ¿tú de pequeño también venías aquí?
-Me temo que no -respondió el anciano-. Todavía no existía este lugar.
El muchacho se quedó absorto en su pensamiento, mientras el zumbido del sedal en el aire y el deslizar rápido del carrete rompían el silencio de la calurosa tarde de verano.
-Pero cómo… -insistió desde su asiento, mirando de soslayo-. ¿No fuiste tú el que enseñó a mi padre a pescar?
-Claro que fui yo -afirmó con una sonrisa abierta-. Solo que fue en otra costa, en un pueblecito de Finisterre.
Brais agarraba su caña con ambas manos, aguardando la posible sacudida que en cualquier momento podría producirse, cuando la idea que le rondaba la cabeza le sorprendió al salir de repente formulada por su boca.
-Entonces, este sitio donde nos encontramos ahora, ¿antes no estaba?
El abuelo se ajustó la visera ante el incesante sol y apoyando su caña entre dos enormes piedras, bebió agua fresca de la cantimplora.
-A ver, don curioso -dijo aclarándose la voz-. Seguramente ya te lo habrán explicado en el colegio o tal vez… espérate, ¿tú cuántos años tienes?
-Nueve, casi diez.
-Dios mío, cómo pasa el tiempo… -caviló-. No, quizás aún no. ¿Y en qué año vivimos?
-En el 2034 -contestó expectante.
-Ajá, pues esto, si no me equivoco… creo recordar que ocurrió allá por el invierno del 2017. Verás. Nunca se supo realmente cómo pudo llegar a suceder algo así. Los científicos explicaron que en las placas oceánicas se produjo una serie de movimientos sísmicos. ¿Has oído hablar de esas placas, en el fondo del mar?
-Sí, lo vimos en Ciencias, el curso pasado.
-Muy bien. Pues esas placas se empezaron a deslizar, superponiéndose unas sobre otras -dijo juntando ambas manos-. Eso produjo que el clima en Galicia cambiase radicalmente, con inacabables tormentas y terroríficos maremotos azotando toda la costa.
-¡Qué miedo! -exclamó Brais, con los ojos muy abiertos-. Pero todo eso, ¿pasó solo en Galicia?
-Sí, solo aquí, cuando aún pertenecíamos a la península Ibérica.
Tras un silencio reflexivo, preguntó:
-¿Por eso ahora somos una isla?
-Así es, Brais. Los corrimientos de tierra se sucedían día tras día hasta que Galicia quedó completamente separada de España, flotando a la deriva, varándose justo donde nos encontramos en medio del Atlántico.
-¡Qué pasada! -exclamó.
-Ya lo creo -dijo sentándose, volviendo a sujetar la caña-. Muchos dijeron que fue cosa de meigas, otros que la propia tierra gallega se cansó de ser ignorada y optó por desprenderse a su suerte… Quién sabe, cosas de la naturaleza…
-Abuelo, ¿y crees que algún día volverán a juntarse?
El anciano se le quedó observando, dubitativo. Al cabo de un instante, respondió con otra pregunta:
-¿Acaso tú y yo, no pescamos tan a gusto en la costa de Ourense?