Una conclusión facilona a la que se llega en cualquier tertulia de andar por casa es que Podemos es un invento del oligopolio televisivo y la reciente eclosión de Ciudadanos se ha cocido en las sobremesas de copa y puro del Ibex. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, pero estos dos fenómenos políticos y muchos otros cambios sociales no se pueden entender sin analizar el impacto de las redes sociales en nuestras vidas y su uso intensivo, provocado por la hiperconectividad. Porque cada día somos más los seres humanos que tomamos la decisión de llevar en nuestro bolsillo un miniordenador de altísimas prestaciones que se comunica al instante con cualquier persona o máquina del planeta.
Entender este nuevo ecosistema, sin duda la revolución más importante de nuestro tiempo, es clave para adaptarse y sobrevivir. Un pionero en la materia fue Barack Obama, que en el 2008 fue capaz llegar al despacho oval desde una posición de desventaja: era un senador júnior, peleaba contra la notoriedad de Hillary Clinton y no tenía grandes apoyos financieros. Después del efecto Obama, en el mundo del márketing se empezó a hablar de un producto milagroso, una herramienta mágica que convertía el agua en vino.
Es cierto que Obama calcó al dedillo las conclusiones de una investigación realizada en el 2005 por la Universidad de Harvard para Sierra Club, una de las organizaciones medioambientales más influyentes del mundo. Pero el tiempo ha demostrado que no existe un gadget mágico, sino que hace falta mucho sentido común. Lo que recomendaban los académicos de Harvard es hoy, diez años después, tan evidente como difícil de aplicar: que en política, en el mundo empresarial y en cualquier otra disciplina social se ha acabado la comunicación unidireccional. Que el ciudadano hiperconectado ya no quiere ser el receptor del mensaje, sino que se ha situado en el centro de la escena y desea protagonizar la película.
La misión es más sencilla si eres Carolina Bescansa, la gurú de la sociología podemóloga, que si eres Pedro Arriola o Alfonso Guerra, los padres de la forma tradicional de gobernar España a golpe de encuesta. En esta nueva selva tecnológica, los cachorros pequeños se adaptan mejor que los grandes leones. Aunque el tiempo y Monedero están demostrando que los algoritmos de Facebook y Twitter no hacen milagros cuando al felino le salen los dientes.
Tomas García Morán. Director de la edición digital de La Voz de Galicia