La reposada vida de un activista contra el embalse del Umia

Con 83 años, Samuel Fariña afirma que el conflicto de la presa, que rompió familias y amigos pero también los hizo, no se olvida


moraña / la voz

Samuel Fariña Pisos recibe en su casa de Santa Cruz de Lamas, en Moraña. «¿Casaches?», pregunta desde su sillón negro. «No, yo como Feijoo», se le responde. «Vai ter un fillo, disque», añade. A sus 83 años -en diciembre cumplirá 84- demuestra que está muy al tanto de la actualidad. Este hombre, que trabajó como albañil en la constructora San José hasta que se prejubiló, fue a finales de los noventa uno de los incansables activistas contra la construcción del embalse del Umia. Presidió además la Asociación de Propietarios Encoro Non.

Hoy disfruta de una jubilación tranquila porque, como él dice, «xa me toca e xa fixen o que tiña que facer». No le gusta madrugar, aunque tampoco tiene motivos para hacerlo. Suele levantarse a las diez y es de los que disfrutan del desayuno. «Galletas sen sal e un tazón de leite, agora todo é sen sal», puntualiza. El asma y sus problemas respiratorios y de corazón han convertido el oxígeno en un obligado y fiel compañero. Suele salir a caminar con un carrito donde lleva el remedio por si se fatiga.

«Agora xa non paseo coma antes, que ía ata O Souto e ata A Pontenova e Grixó... Tamén daba de comer ás galiñas, algo que tampouco fago», cuenta. La referencia a A Pontenova, esa área recreativa que sucumbió a la presa, da pie a recordar aquella lucha de años. «Viña xente de toda a provincia. Aquilo daba gusto, agora dá pena, non ves nada alí». La tristeza y quizá la rabia se nota en sus ojos azules.

Samuel tiene claro que volvería a hacer lo que hizo, a pesar de los malos momentos e incluso los golpes que recibió en sus carnes. Era lo que había que hacer, oponerse a una infraestructura hidráulica que fue impuesta, dice, y que no trajo nada bueno a ninguno de los tres municipios afectados. Con el poso que da el paso del tiempo, también saca lecturas positivas. Y con ellas se queda. «As amizades que deixou o encoro están aí. Xuntámonos todos os anos. Facemos unha comida, pero pagamos a escote», apunta. Tiene especiales palabras para Farruco, Paloma y Tesi.

Cecilia, la mujer de Samuel, que se recupera de una fractura de cadera, escucha atenta en la cocina y también recuerda aquellos momentos. El conflicto dejó enemistades en muchas familias y entre amigos. Algunas se recuperaron y otras todavía se mantienen. En el caso de Samuel, hoy ya se habla con el exalcalde socialista de Moraña José Eiras, con el que coincide cada año en la «comida dos vellos». Se refiere a la Festa da Terceira Idade que organiza el Concello. Los antiencoro no perdonaron a los regidores su paseo en zódiac con el exconselleiro Xosé Cuíña. «O que o fixo [el embalse] non o veu», tercia Cecilia, que sigue con sus quehaceres. Samuel rememora la tarde-noche de marzo del 2001 en la que se cerraron las compuertas del embalse. «Non sabiamos cando ía ser e estivemos toda a noite de garda...». Muchos vecinos cobraron por sus fincas debido al trabajo de la asociación de propietarios. «Agora danme as grazas», sentencia Samuel.

Sus jornadas también incluyen una siesta que no perdona y ver la televisión. «Leo pouco porque me falta vista, pero a televisión si. Noticias e fútbol e algunha película». Militó muchos años en el PSOE y sigue siendo simpatizante socialista. Alude a la crisis que vive el partido y no tiene inconveniente en mostrarse seguidor del caído secretario general. «Dame pena que vaian dar o Goberno a Rajoy, gústame máis Pedro Sánchez que Susana [Díaz], eu son de ‘‘no es no’’», asegura este hombre, que añade que las mayorías absolutas nunca son buenas en política.

La pareja tiene siete hijos. ¿Siete hijos? «Eu non, a miña muller... É que antes non había tantos adiantos», dice con retranca. Cuando se le pregunta cuántas mujeres son, tira de ironía: «Mulleres unha, fillas tres». Pese a los achaques que de vez en cuanto lo llevan al hospital, es buen comedor, aunque sea sin sal. Marisco y callos, su menú preferido.

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