La denuncia de Melani tras su operación de pecho: «Yo era normal antes de esto, estaba bellísima, me han destrozado»
ENFERMEDADES
Mantiene un litigio judicial con la clínica que le realizó un implante de pechos por lo que considera un resultado que la «destrozó»
19 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Melani tiene 57 años, aunque nació en el año 2000. «Lo mío se hizo aquel año, ¿recuerdas cuando se iban a apagar todas las computadoras? Ese día fue el que nació Melani», comenta recordando aquel temido 'efecto 2000', que algunos presagiaron como el colapso informático mundial. Cuando habla de «lo mío», se refiere a su transición, porque hubo otra vida antes de Melani que transcurrió entre Cuba —su país natal—, Puerto Rico y los Estados Unidos. Primero, Pensilvania; luego, Nueva York; y, finalmente, a la soleada Florida, donde cogió el puente aéreo que acabaría llevándola a Santiago de Compostela. Más concretamente, a Ames, donde reside desde hace años. «En Nueva York trabajé cuidando a personas, en Miami era maquilladora en un canal de televisión. Soy, como se dice, un poco cosmopolita», dice bromeando con su acento caribeño todavía intacto. Fue al otro lado del océano donde comenzó su cambio. «Cuando estuvo de moda la silicona, cuando fue el bum, yo no sabía absolutamente nada sobre ella. Mis padres me pagaron la operación y me puse los pechos», explica. Una intervención que acabaría por condicionar el resto de su vida.
La decisión de dejar Miami para acabar desembarcando en el noroeste peninsular fue una cuestión de amor y de deseo. Deseo de querer mudarse a Europa y conocer España; amor porque su pareja de entonces, con raíces en Galicia, se había mudado un tiempo antes. Pero ni siquiera llegaron a coincidir en tiempo ni espacio en territorio europeo. Un problema de papeles. «Yo llegué un día 27 y el día 26 lo deportan a él», explica. Con todo, ella se quedó a vivir con la que era su suegra, con la que pronto cortaría su parentesco político. «Mi entonces pareja y yo nos conocimos siendo muy jóvenes. La relación se acabó, él se fue a su país, yo me quedé con mi suegra con la que tenía una relación de años y cada uno hizo su vida», explica.
El inicio de su calvario
Cuando Melani estaba todavía en Miami, ya recababa opiniones entre conocidos, gente del colectivo trans, sondeando clínicas españolas para someterse a una cirugía de pecho que sustituyese la obsoleta silicona. «Al marcharme de Miami, perdí mi visado en Estados Unidos y no pude regresar, así que regularicé mi situación en España. Yo me quería quedar también por el problema de los pechos que tengo», adelanta. Ese problema aún persiste. Intensos dolores fruto de aquella primera operación realizada cuando el auge de la técnica estética quirúrgica estaba todavía lejos; constantes e incapacitantes, que describe como «si se me clavase una aguja en el pecho», agudos e imprevisibles por su aleatoriedad.
«Después de llegar, fui al médico y pasé por el hospital de A Coruña (Chuac). Allí me dijeron que la causa era la silicona», corría el año 2010. «Pensé que la Seguridad Social me podría costear el arreglo. Pero no, simplemente me quitaban todo y me dejaban sin nada —sin pechos—. Para mi eso era tremendamente traumático. Así que me metí a trabajar de interna, cinco años en una casa, en una aldea, hasta que pude reunir el dinero suficiente para la operación». Fue un cambio de vida, antes trabajaba en la hostelería, un puesto de ayudante de cocina que tuvo que abandonar porque los dolores le impedían cargar con las enormes potas. Lidiaba con su situación con calmantes de codeína, un opioide, «mis dolores son impresionantes, tengo la cartera llena de pastillas», asegura, todavía hoy.
Eligió Barcelona para operarse. «Era una clínica que me habían recomendado porque han trabajado mucho con personas del colectivo trans. Cuando hablé con ellos y les expliqué mi caso, aceptaron el trabajo. Me aseguraron que me iban a limpiar todo y a sacar la silicona para ponerme unos implantes», relata sobre los pasos que dio. Y allí se fue. Le advirtieron, según reconoce, de que no se trataba de un proceso sencillo: «El cirujano me dijo que si lograba quitar toda la silicona y había posibilidad de poner los implantes, me los pondría en esa primera intervención. Pero que era posible que tuviese que pasar un año sin ellos. Le dije que perfecto». Con esas condiciones, Melani entró en quirófano. Sería la primera vez.
«La operación fue bastante compleja. Según me dijeron, duró más de ocho horas. Cuando me desperté y me toqué, sentí que no había pechos. No se pudieron poner porque no se pudo limpiar bien la zona y la silicona ya había llegado hasta las costillas. Me aseguraron que, de no haberme operado, mi vida hubiese corrido peligro. Fue duro, pero afortunadamente me había preparado psicológicamente. Me puse en sus manos y seguí todas las pautas que me marcaron», relata.
Explica que pasó un año con unas prótesis —costeadas por la Seguridad Social— antes de someterse a la operación definitiva que, en teoría, debía resolver su problema y hacer desaparecer el dolor. En teoría, porque ahí no acabó su periplo, sino que comenzó uno nuevo. El titular es contundente: «Ya viste cómo me cortó, eso fue una carnicería, acabó conmigo».
¿Implante al revés o consecuencias del vendaje?
Melani comparte por WhatsApp fotos explícitas del resultado de su operación de pechos. «¿Tú estás casado?», pregunta insistentemente. «¿Acaso los pechos de tu mujer se parecen en algo a esto?», cuestiona una y otra vez. Independientemente de los conocimientos de técnica quirúrgica que se puedan tener, resulta obvia la presencia de una hendidura muy marcada en su pecho izquierdo. Hasta qué punto se trata de una mala praxis lo decidirá la justicia, ya que el caso se encuentra en los tribunales tras la denuncia de Melani a la clínica que la operó. «Cuando yo era normal, antes de esta operación, estaba bellísima. A mí me han destrozado. No he podido tener relaciones, las parejas que he tenido se han acabado yendo. No me parece ético que se permita esto», se lamenta. «El trabajo no fue bueno, a día de hoy tengo grumos y el implante izquierdo está hundido. Se puede ver en las fotos, cuando levanto los brazos, un pecho se levanta y el otro se queda aplastado».
Según confiesa, todavía no tiene claro lo que ha pasado. Cuando se puso en contacto por primera vez con esta redacción —ha iniciado una campaña mediática para dar a conocer su caso— su explicación fue muy somera. «En una intervención de mamas, uno de los pechos, la prótesis, me la pusieron al revés. Desde hace 4 años tengo dolores y no soy capaz de solucionar nada con la clínica». Lo cierto es que a día de hoy no encuentra una explicación a qué es lo que sucedió. Tampoco, dice, se lo han puesto fácil en la clínica, a la que ha llamado «más de veinte veces», según su cuentas.
Ahora bien, esa es solo una hipótesis que maneja. Una que ha abrazado ante la falta de explicaciones. La otra, que un vendaje incorrecto causase estragos durante el posoperatorio. «Si ves las fotos —las que ha remitido por WhatsApp—, te das cuenta de que el vendaje está mal puesto. A día de hoy, todavía no sé si aplastaron el implante o si lo pusieron al revés. He ido a otras clínicas estéticas para informarme y me dicen que lo que tengo es tan, tan complicado que los cirujanos no se atreven a operarme porque me puedo quedar en la mesa», asegura.
La primera vez frente al espejo
Recuerda nítidamente cuando vio por primera vez sus nuevos pechos tras la operación, aquellos que iban a ser el final de un problema, pero que fueron el comienzo de uno peor. «Cuando regresé a casa, pasé el tiempo que me dijeron que tenía que estar vendada. En mi edificio, en el piso de abajo, vivía una pareja de enfermeros. Me había hecho amiga de ellos, porque también soy peluquera y cortaba el pelo a toda la familia. Fue ella la que me ayudó a quitarme el vendaje. Cuando vio el resultado y me miró, cuando yo lo vi, me puse a llorar. Llamé a la clínica y me dijeron que era temporal, fruto del vendaje, que eso se iba a regenerar», comenta sobre lo que le habrían asegurado, aunque niega que eso se haya producido. Fue otra conocida, también sanitaria, la que le quitó los puntos. «Y me dijo: “Pero a qué carnicería fuiste hija de dios”. A todo al que le muestro el resultado dice lo mismo, fatal», cuenta. Dice que le visitó un perito de la clínica a la que ha demandado y que su valoración del resultado de la operación fue positiva. Solo de recordarlo, Melani se sulfura: «Lo que me dieron ganas fue de darle una perra bofetada a ese perito y sacarlo de mi casa, ¿cómo me puedes decir que mi operación de pechos está bien hecha? Si lo que tengo parece un pancake».
La Voz de la Salud se puso en contacto con la clínica que realizó la operación a Melani para contar con su punto de vista. Esto es lo que se alega desde el centro sanitario: «El expediente está judicializado; la clínica actuó conforme a protocolos y estándares de calidad; se dio traslado a la aseguradora de Responsabilidad Civil Profesional y, tras revisar documentación e informes periciales, se concluye correcta praxis. La paciente presentó demanda sin aportar prueba y solicitó pericial judicial, aún no practicada, por lo que el procedimiento está en suspenso. Previsiblemente, la pericial confirmará las conclusiones existentes».
En su vida le acompañan ahora no solo esos intensos e incapacitantes dolores físicos, también un malestar emocional que le ha llevado a plantearse escenarios que nunca hubiese imaginado. «Se me ha pasado por la cabeza hasta quitarme la vida, porque me miro en el espejo, pienso en lo que era antes y me pongo fatal. Tengo una red de apoyo en Instagram que me han comentado que ya han tenido otras Melanis, que me animaron a no quitarme la vida, que ellas me iban a ayudar». Y en esto está. En volver a empezar, esta vez ocupándose de los cuidados de personas mayores. Vuelve a tratar de hacer 'peto' para localizar a un especialista que sea capaz de revertir el proceso. «Necesito buscar a una persona que trabaje con transexuales. A día de hoy, donde yo sé que se me puede hacer este trabajo es en California. Allí está más abierto el tema de operaciones a mujeres transexuales. En Turquía también me han comentado que hay alguna clínica que lo hacen», informa. Pero esa operación depende de que logre una indemnización, un partido por jugar en sede judicial.