¿Quién quiere quemar Cotobade?

En la memoria de esta comarca duelen las heridas que dejaron los incendios forestales como los que segaron tres vidas en 2006 y cuya autoría sigue sin esclarecerse


Con la llegada del mejor «bombero» que tenemos en Galicia, podrían parecer olvidados los reiterados intentos de convertir diversos concellos, de modo particular el de Cerdedo-Cotobade, en una pira. Con las lluvias y los coletazos de Kyle, los medios informativos obviamos unos días ese ángulo. Sin embargo, persiste. No se ha apagado la indignación de miles de vecinos desasosegados. Saben que su municipio está en el punto de mira de quienes pretenden montar un aquelarre de llamas y destrucción.

Hasta ahora no han podido pese a los reiterados intentos. Seis incendios el 28 de julio; nueve conatos, entre el 10 y el 11 de agosto. El modus actuando, prendiendo de modo sucesivo, con pocos minutos de diferencia y diversos focos separados entre si lo suficiente como para descartar propagación por brasas y viento, evidencian la intención criminal de quienes están detrás de su origen.

Me temo que a poco cambie la tendencia del tiempo y si como parece el anticiclón vuelve a consolidarse para estos días, asistiremos nuevamente a otra oleada de tentativas de estos delincuentes de mecha larga. Los que actúan con «la peor intención», como les acusó Jorge Cubela, el joven alcalde del municipio a su vez más joven de Galicia y de España.

Viejas heridas

¿Qué motivaciones hay detrás de las repetidas intentonas de quemar los montes de este concello? De veras, ¿podemos atribuirlo solo a un vecino con problemas ya sean mentales o de adicción al alcohol? ¿Qué fundamento tienen las sospechas sobre individuos como aquel malhadado Serafín Pardiñas? ¿De veras que no hay otras motivaciones?

Cerdedo y Cotobade, saben bien del dolor y destrucción que han dejado los incendios forestales en las últimas décadas. Como Campo Lameiro y Ponte Caldelas. Aún no han cicatrizado las heridas que dejó hace 14 años, también en agosto, el incendio más voraz de aquel verano de 2006. Se originó en Serrapio y avanzó implacable por los montes de esos concellos hasta destruir más de 8.000 hectáreas durante nueve días. En su expansión, el fuego mató a tres personas.

El 4 de agosto, el día en que se inició, atrapó al Renault Megane en el que viajaban Marisa Castro, de 50 años, y su madre, Celia Golmar, de 75, que circulaban por la carretera N-541. Desorientadas por el humo se salieron de la calzada a un tramo en desuso donde el coche quedó encajado entre una zanja y el quitamiedos. Trampa mortal. Aparecieron calcinadas a unos metros de distancia cuando intentaban huir de las llamas. La Guardia Civil había cortado el tráfico, pero el coche de estas mujeres se les despistó.

Ese mismo monstruoso incendio acabó dos días más tarde con la vida de Manuel Parada, un veterano sindicalista de CC.OO. que estaba a punto de cumplir 75 años. Falleció mientras luchaba solo contra el avance de las llamas que asediaban la iglesia románica de Santa Mariña de Fragas, la rectoral y el cementerio donde trabajaba como enterrador.

Días después de aquellas tragedias, familiares de las tres víctimas reclamaron explicaciones y responsabilidades en una concentración celebrada en Santiago. Nunca las obtuvieron. Como tampoco una satisfacción de la Justicia.

Serafín Pardiñas era para la Guardia Civil, cuando lo detuvieron en septiembre de 2006, el presunto autor de hasta 93 incendios forestales que habría prendido, desde cuatro años antes, en su entorno. Entre ellos, el que originó tanta destrucción, dolor y las muertes de Marisa y Celia. En cambio, para José Balseiros, entonces alcalde de Cerdedo, era un «pobre diablo» al que creía incapaz de semejante barbaridad, La jueza de instrucción de A Estrada no dudó en mandarlo a prisión, aunque solo pasó un año en preventiva.

El juicio tardó en salir. Seis años de espera. Fue con jurado popular. En la Audiencia de Pontevedra, en mayo del 2012. Notable expectación mediática nacional. Sin embargo, a la medida del reclamo del caso, resultó el traspiés. Otra jueza, la magistrada Cristina Navares disolvió el tribunal popular y absolvió a Serafín Pardiñas al entender que no había pruebas ni directas ni indiciarias que le incriminasen como el autor del incendio. El varapalo de la magistrada, especialmente dedicado a la Guardia Civil, tuvo como colofón que la declaración autoinculpatoria de Serafín que le sacaron los agentes de la Benemérita, se obtuvo sin previa información de sus derechos y sin presencia de un letrado. El reguero de recursos que presentaron Fiscalía, Xunta de Galicia y los abogados de las familias de las víctimas, fueron desestimados por el TXSG que suscribió la decisión de la magistrada Navares.

Tremenda dificultad

El caso que acabo de recordar refuerza la convicción extendida entre juristas y fuerzas de seguridad sobre la tremenda dificultad que entraña llevar ante un tribunal a un incendiario, con pruebas suficientes para incriminarle y obtener una sentencia condenatoria.

Hace unos días, Xunta de Galicia y Subdelegación del Gobierno hacían un balance que resulta desalentador. Solo una mínima parte de los investigados, resultan detenidos. Y aún menos, condenados.

El fuego muchas veces borra las huellas. Aunque tengo para mí que el mayor cómplice de los incendiarios, es el silencio vecinal. La colaboración ciudadana es fundamental para lograr encerrarles.

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