El espíritu de los «cañóns de pau»

Vecinos de nuestro entorno se echan a los montes con pocos medios y mucho valor para contener esta nueva «vaga de lumes» que asola tanto Pontevedra como parte de Galicia


Una vez más los ciudadanos están sabiendo responder a una situación tan crítica como la que comporta esta nueva ola de incendios forestales que asola principalmente a municipios de nuestro entorno. Mientras cargos públicos y dirigentes políticos se enfangan en cruces de acusaciones que conducen a escenarios tediosos por repetitivos e inútiles. ¿Saben ustedes que hace más de 50 años que surgió y se perpetúa el debate sobre quién, por qué y para qué se queman los montes?

De esta semana terrible, me quedo con la capacidad de reacción de cientos de vecinos que se han echado a los montes para rechazar, con pocos medios a su alcance, el pavoroso avance de las llamas que amenazan sus viviendas, campos y animales.

El ejemplo de valentía rememora, siquiera por la coincidencia geográfica, el arrojo que mostraron sus antepasados para rechazar al invasor francés con «cañóns de pau» en Cotobade y Ponte Sampaio. Ambas poblaciones, como otras más del contorno de la capital, están siendo especialmente castigadas por esta reeditada «vaga de lumes» que tiene trazas muy semejantes a la de hace diez años.

Las imágenes de vecinos armados con mangueras, cubos de agua, tractores con cisternas, aperos de labranza y hasta con xestas, trasladan un mensaje de toma de conciencia frente a quienes pretenden que entre nuestros paisanos hay desentendimiento o bien sospechan complicidades por omisión. La reacción de autodefensa por parte de los vecinos suple la carencia de más brigadas, helicópteros e hidroaviones, pues resulta evidente que los medios disponibles por la Xunta y el Gobierno de la nación están claramente superados por la multiplicidad de fuegos. Y limitados por recortes presupuestarios. No obstante, su labor me parece encomiable, máxime porque se están jugando a diario la vida y a los antecedentes me remito. Me niego a sospechar que haya entre ellos quienes, por intereses económicos, prendan fuego a los montes para tener a continuación que exponerse a los riesgos que implican las labores de extinción, aunque cobren por ello.

Tampoco querría olvidar el valeroso trabajo de agrupaciones de voluntarios de Protección Civil, así como de los efectivos de los parques de bomberos que, como el de Pontevedra, están realizando un esfuerzo brutal para mitigar los efectos devastadores de tantos incendios. Resulta evidente que realizan su labor en una manifiesta inferioridad con respecto a los criminales que prenden fuego. Especialmente cuando las condiciones meteorológicas se alían con los incendiarios que, además, actúan con nocturnidad y manifiesta alevosía.

Rajoy quería cogerse el «puente»

El presidente en funciones del Gobierno de España y probable candidato a la investidura conforme al encargo del rey Felipe VI se ha venido de puente al piso de la playa, mientras el país continúa instalado en la incertidumbre después de casi ocho meses de comicios, negociaciones y negaciones.

Desde la tarde del pasado jueves, Mariano Rajoy Brey se ha instalado en Silgar, junto a su familia, con la idea de aprovechar el puente de la Asunción en Sanxenxo. Según la versión oficial, viene a «reflexionar» sobre la situación política antes de regresar a Madrid para la anunciada reunión del comité ejecutivo nacional del PP, prevista para el miércoles 17, cuando se votarán las seis condiciones que Albert Rivera le exige para que Ciudadanos facilite una posible investidura.

Mientras el líder de C´s se ha quejado de las demoras de Rajoy, el gesto de Mariano es «marca de la casa». Sus hagiógrafos dirán que es «un maestro manejando los tiempos», pero quienes conocemos al personaje desde hace 35 años, sabemos que a Mariano le cuesta un riñón tomar decisiones por lo que siempre apura los plazos, esperando que las circunstancias le resulten propicias y las soluciones le vengan prácticamente dadas.

Siempre lo ha hecho. Desde que con 38 años, siendo todavía bastante «novato» en política, presidió la Diputación pontevedresa rodeado de alcaldes tan bregados como César Mera, José Manuel Barros y Pepe Cuíña, entre otros «tiburones» de la política provincial de entonces con los que le tocó lidiar. Y tres décadas más tarde, curtido en mil batallas y rodeado de escándalos de corrupción en su partido, sigue alimentando el cliché del gallego y la escalera, parapetándose en que quiere «escuchar al partido» antes de decidir lo inevitable.

Qué nadie aguarde sorpresas. Mariano se pondrá las bermudas, un polo y los deportivos de running para patear, un día sí y otro también, la Ruta da Pedra e da Auga junto a su inseparable amigo y confidente José Benito Suárez Costa, marido de la ex ministra Ana Pastor, ahora flamante presidenta del Congreso de la nación.

Como ayer ocurrió en Armenteira, al presidente del Partido Popular le sacarán un canutazo los colegas que hagan esa cobertura informativa al pie de esa ruta de la que Mariano se ha investido de la condición de embajador principalísimo. Rajoy contestará evasivamente las preguntas de los periodistas alimentando la fábula de que mantiene un discurso críptico, mientras las tertulias en los medios audiovisuales de la villa y corte se devanan los sesos sobre las diferentes hipótesis del momento.

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