Ons, una isla sin vecinos para las uvas de Fin de Año

Marcos Gago Otero
marcos gago PONTEVEDRA / LA VOZ

BUEU

Solo el farero y un guarda estaban, y por trabajo, cuando sonaron las campanadas de despedida del 2014

02 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Mientras las campanadas del 31 sirvieron de excusa para las felicitaciones, brindis y gritos de alegría de miles de pontevedreses en casas y plazas, acompañados por las sirenas de los barcos atracados en los puertos de la ría, Ons pasó las doce de la medianoche totalmente ajena al cambio de año. La isla buenense, la única habitada del Parque Nacional Islas Atlánticas de Galicia, se quedó muda durante las celebraciones. Todos sus vecinos estaban fuera. Curro parecía una localidad desierta, mientras que en todo el enclave insular solo había dos personas: el farero y un guarda forestal. En ninguna otra ocasión del año las aves marinas -Ons alberga una de las mayores colonias de cormoranes moñudos y gaviotas patiamarillas de España - se convierten en los verdaderos amos de este lugar.

Las fiestas navideñas son la única época del año que consiguen vaciar a Ons de sus vecinos. En el verano, la isla se llena de visitantes y vecinos hasta contabilizar varios miles de personas cada jornada. Sin embargo, cuando los días se hacen más cortos, el clima se enfría y el mar se embravece, el número de residentes desciende en picado. En octubre apenas quedan ya unas cinco o seis personas, pero cuando llega Navidad, todos se van a Bueu, donde viven las generaciones más jóvenes de sus familias. Los últimos isleños no regresan a sus hogares hasta pasados los festejos, aunque más de uno sienta una breve nostalgia por una isla que parece que pueden tocar con los dedos al divisarla desde el puerto de Bueu.