Antonio no apuñaló a un hombre en Vilagarcía para vengar el asesinato de su padre, solo deliraba
A LAMA
La Justicia concluye que un apuñalamiento que se produjo en Vilagarcía, en el que el hijo de un asesinado acuchilló a una persona relacionada con la muerte de su progenitor, se produjo porque tenía un trastorno paranoide. Le cambia la prisión por el psiquiátrico
12 feb 2026 . Actualizado a las 21:11 h.La Audiencia de Pontevedra dio cabida este jueves a un juicio de un intento de asesinato que tuvo lugar en Vilagarcía. En el banquillo se sentaba Antonio Cores, un hombre de mediana edad que fue procesado porque en septiembre del 2024 acuchilló a un vecino en la zona de la estación de autobuses de su ciudad. No parecía un ataque casual. Porque la víctima de ese apuñalamiento era Arturo Manuel García Lamas, un ciudadano que estuvo implicado (aunque finalmente lo absolvieron) en un suceso en el que fue asesinado el padre de Antonio hace casi tres décadas, cuando él era solo un niño, supuestamente por un ajuste de cuentas del narcotráfico.
¿Quería el hijo vengar la muerte del padre tanto tiempo después? No lo cree así la Justicia, que ya no ha entrado en el fondo de la cuestión porque parte de una base: Antonio tenía completamente alteradas sus facultades mentales. De hecho, después de modificar el fiscal la pena que pedía para él, la Audiencia de Pontevedra, en una sentencia que ya es firme, acordó que se cambie su estancia en A Lama, donde cumplía prisión de forma preventiva, por el internamiento en un psiquiátrico.
La historia de Antonio Cores posiblemente lleve siendo desestructurada desde chiquillo. No era apenas un chaval, en el año 1998, cuando su padre, Ramón Cores Caldelas, fue encontrado muerto dentro de un Peugeot 605 carbonizado en la carretera que une Catoira y Caldas. Se supo después que tres disparos habían acabado con la vida de este hombre de Portas que tenía cierta reputación de estar metido en el narcotráfico. De hecho, llegó a estar detenido en la mítica operación Nécora, aunque luego salió absuelto, y fue procesado también en el año 1996 por la operación Santino. En una escena propia de película, fue tiroteado justo antes de que alguien rociase con gasolina el coche hasta dejarlo completamente carbonizado en una cuneta del citado vial. Dos individuos también ligados al mismo mundo fueron acusados de ese truculento suceso: Severino Padín Leiro y Arturo Manuel García Lamas, el hombre al que 26 años después acabó apuñalando el hijo del muerto en plena calle un día de septiembre.
A Arturo Manuel García Lamas, en realidad, lo acabaron exonerando del asesinato tras recurrir la sentencia que inicialmente lo condenaba a 19 años de prisión. Pasó únicamente en prisión dos años. Así que el hijo del asesinado creció con este hombre, que quedó demostrado que estuvo en la escena del crimen (él mismo lo reconoció) aunque se le absolvió después porque no había suficientes pruebas para destruir su presunción de inocencia, en la calle. Nunca quedó claro por qué se produjo el asesinato del progenitor. Se habló de distintas cuestiones, pero todas ellas ligada al narcotráfico, las deudas que suele generar el negocio y las venganzas que acaba implicando.
El asesinato, uno de tantos ajustes de cuentas vividos en O Salnés, volvió a la actualidad cuando el hijo de Cores apuñaló a Arturo Manuel García Lamas en plena calle y tras esperarle durante horas. Este jueves, Antonio llegó con los grilletes puestos al banquillo de los acusados de la Audiencia de Pontevedra. Venía de la prisión de A Lama, donde lo encerraron después del acuchillamiento. Sin embargo, es probable que tarde poco en abandonar el centro penitenciario. ¿Por qué? Porque se considera que actuó con las facultades mentales totalmente alteradas, en medio de un delirio por un trastorno paranoide motivado, en parte, por el consumo de cocaína.
En el juicio habló primero un médico de la prisión de A Lama. Pero su testimonio no sirvió de mucho porque reconoció que no trababa a Antonio y ni siquiera sabía si estaba ahora medicándose o no. Pero después prestaron declaración dos forenses que sí le reconocieron cuando apuñaló al hombre. Señalaron que tenía su juicio alterado, que su comprensión estaba profundamente afectada y que le diagnosticaron un trastorno paranoide con ideas delirantes. Es decir, que creen que actuaba movido por algún delirio o creencia falsa. Dijeron que era esencial que dejase de drogarse para que su salud mental mejorase y que creían que posiblemente tuviese que estar a tratamiento psiquiátrico toda su vida.
Tras su intervención, la fiscal del caso modificó la petición de pena que le hacía. Pasó de solicitar trece años de prisión por las cuchilladas a pedir que le ingresen en un psiquiátrico por un período de cuatro años. El acusado, que reconoció los hechos, aseguró estar de acuerdo con esa condena. Así que la magistrada ponente acabó dictando para él una pena firme ya de viva voz: es culpable de un delito de asesinato con alevosía en grado de tentativa. Pero le aplica la eximente completa de anomalía psíquica y por eso en vez de permanecer en prisión pasará a estar cuatro años recluido en un psiquiátrico y no podrá acercarse ni comunicarse con la víctima del apuñalamiento durante catorce años. Igualmente, debe indemnizar al hombre al que atacó con algo más de ocho mil euros y al Sergas con 500.