«Indiana Jones es la visión romántica y aventurera que la gente tiene de la arqueología, pero la realidad es bien distinta»

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Aránzazu Vaquero, quien restauró pinturas murales en el Valle de los Nobles de Egipto, remarca que «los arqueólogos son principalmente científicos y no buscadores de tesoros»

03 mar 2026 . Actualizado a las 17:22 h.

Aránzazu Vaquero (Vigo, 1968) asume como algo normal que cuando se hable de arqueología la mente del profano se ilustre con Indiana Jones, el personaje cinematográfico caracterizado por Harrison Ford. «Es la visión romántica y aventurera que la gente tiene de esta profesión, pero la realidad es bien distinta», sostiene, al tiempo que resalta que «los arqueólogos son principalmente científicos y no buscadores de tesoros y tienen que tener un perfil multidisciplinar. El trabajo de campo es muchas veces muy duro, se tiene que documentar todo minuciosamente y estudiar todos los hallazgos que en la mayoría de los casos, se tratan de deshechos antiguos y no de piezas enteras. Lo importante no es el objeto en sí, sino todo lo que le rodea que es lo que realmente aporta información. Quizás ese romanticismo que proyecta el personaje de Indiana provenga de la inspiración que sus creadores tomaron de los primeros exploradores de principios del siglo XX».

—¿Por qué cree que tenemos esa visión romántica de su profesión?

—Parte de culpa de ello ha sido como hemos hablado, de personajes como Indiana Jones que más que un científico era un cazatesoros y actuaba en solitario, o su contraparte femenina dentro del mundo de los videojuegos, Lara Croft. Para el público es más emocionante y divertido pensar en saquear una tumba y correr aventuras, que realizar un trabajo lento, meticuloso y rigurosamente científico. Además, las labores no son solamente de campo, hay que redactar y publicar los trabajos y eso requiere de muchas horas de oficina e investigación.

—En todo caso, me imagino que el trabajo que realizan ha cambiado sustancialmente desde los tiempos de Howard Carter y sus contemporáneos, ¿no?

—Como todo, los trabajos han evolucionado. En la época de Howard Carter el objetivo primordial era hacer un gran descubrimiento y que llamara la atención, buscando objetos de gran valor. No se utilizaba un método científico sino la intuición y eso que Carter fue bastante meticuloso en su labor, pero descartaba cosas que hoy en día nos aportan una gran información como puede ser, por poner un ejemplo, un fragmento de una venda de lino al que él no le daba ningún valor. Afortunadamente las cosas han cambiado, tenemos herramientas de registro y documentación como el escaneo 3D, la fotogrametría..., dentro del campo de la Paleopatología podemos hacer tomografías, análisis de ADN, análisis químicos de sustancias, es decir, hacer ciencia y extraer una gran cantidad de datos de todos los materiales que aparecen en una excavación. Evidentemente, la tecnología juega un importante papel en todo esto.

—¿Qué importancia tiene el Valle de los Nobles?

—Tiene una importancia histórica y arqueológica fundamental que, a veces, pasa un poco desapercibida porque la gente se focaliza en visitar el Valle de los Reyes por los faraones que allí se enterraron y la espectacularidad de sus tumbas, en comparación con las de los nobles que no suelen entran dentro de los circuitos turísticos. Las decoraciones de las tumbas reales se centran en el viaje del faraón al más allá con gran abundancia de textos de tipo religioso, en cambio, las de los nobles, muestran imágenes del día a día y de cómo vivían los egipcios, lo que nos aporta gran cantidad de información sobre la sociedad de la época, las personas, sus trabajos, comidas, flora y fauna...

—En los últimos tiempos se han incrementado las demandas exigiendo la restitución a Egipto de los bienes que se exhiben en muchos museos europeos, principalmente el británico. ¿Como valora estas reclamaciones?

—Cada país trata de proteger y salvaguardar su patrimonio cultural, para ello se han creado una serie de leyes que, en algunos casos, no son favorables para este tipo de demandas como ocurre con la Ley Nacional British Museum Act de 1963, que prohíbe al museo deshacerse de objetos de su colección. Muchas piezas tan emblemáticas como el busto de Nefertiti, la piedra Rosetta o si hablamos de Grecia, los mármoles del Partenón, fueron sacados de sus países de origen de forma ilegal, la gran mayoría en períodos de colonialismo o de ocupación militar. Afortunadamente, se empiezan a ver gestos de buena voluntad y devoluciones por parte de algunas entidades y se está tratando de buscar soluciones alternativas, aunque todavía hay muchos museos reacios, debido a la importancia de estos objetos que se han convertido en algunos casos, en sus emblemas atrayendo a un gran número de visitantes. El asunto del Partenón y el Museo Británico es uno de los que está generando más controversia. No tiene ningún sentido que una obra esté partida y repartida entre ambos sitios. La obra debe estar completa y en su lugar de origen. En el caso de Egipto, con la apertura del Gran Museo Egipcio, los países que tienen obra egipcia ya no pueden argumentar que Egipto no tiene un lugar seguro para salvaguardarlas.