Mayte Uceda, escritora: «Todos los asturianos llevamos algo de carbón en las venas»

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

JAVIER OCAÑA

La autora se encuentra en plena promoción de «Los amores paralelos»

17 feb 2026 . Actualizado a las 09:14 h.

«Nos vamos a encontrar la historia de dos hermanas que se van a enamorar de hombres muy distintos, incluso, enfrentados ideológicamente y todo esto en un contexto muy complejo, como es el de la Segunda República donde había muchas desigualdades sociales, una gran polarización y también una lucha obrera que va a desembocar en la llamada Revolución de Octubre». De este manera, la escritora Mayte Uceda ofrece un pequeño atisbo de lo que es su más reciente novela, Los amores paralelos.

—A la hora de abordar esta novela, ¿que fue lo más complejo?

—Lo más complicado siempre es la ambientación y el contexto, que son dos cosas distintas. Hay que investigar la ambientación para situar a los personajes, aunque, en este caso lo he tenido más fácil porque al ser asturiana tengo muy cerca los dos, digamos, escenarios principales, que son Oviedo y la comarca minera. En ese sentido, sí que ha sido más sencillo. En cuanto al contexto, la documentación sobre ese período histórico breve de la Segunda República ha sido más complejo. Hay mucha documentación y muy dispar, por lo que hay siempre que acudir a cuantas más fuentes posibles.

JAVIER OCAÑA

—Uno de estos escenarios a los que alude, la cuenca minera, es una gran desconocida fuera de Asturias o eso entiendo yo.

—Yo creo que sí. Todos los asturianos llevamos algo de carbón en las venas, pero para el resto de España, tal vez, estas comarcas mineras son desconocidas y el modo de vida que tienen, su propio idiosincrasia, también resulta desconocida. Y sobre todo en aquellos años 30, cuando las condiciones de vida de los mineros eran muy sacrificadas, vivían rodeados de una contaminación ambiental muy importante y se enfrentaban a los peligros cada día. Eran lugares donde trabajaban hombres, trabajaban mujeres y trabajaban niños. Los hombres en el interior y las mujeres y los niños en el exterior, en los lavaderos de carbón. Los niños también ejercían la labor de guajes, que, en el contexto minero, eran los que asistían a los picadores en el interior. Creo que sí que resulta bastante desconocido.

—De hecho, si no me equivoco, guaje ha quedado como sinónimo de niño en Asturias.

—Sí, totalmente. Los niños son guajes. Los llamamos guajes siempre, pero en el contexto minero el guaje era el asistente.

JAVIER OCAÑA

—La novela está ambientada hace casi un siglo, en los años 30, ¿cuál es la realidad actual de la comarca minera?

—Bueno, un siglo después no existe la minería en Asturias. Ha sido desmantelada la industria del carbón, se ha agotado principalmente porque era una industria de deficitaria, pero durante décadas, durante un par de siglos, fue muy importante. La vida en las comarcas mineras, hoy en día, no tiene nada que ver. Ya no son esos lugares oscuros, sucios, contaminados que existían o que existieron hasta hace muy poco. Ahora da gusto pasear a orillas de ríos como el Nalón, que bajan limpios y no negros como bajaban antaño, donde puedes ver patos y garzas reales. Eso antes era impensable.

—Volviendo a la novela, ¿hay algo suyo en las protagonistas de «Los amores paralelos»?

—Hay algo mío, tal vez, en la hija menor de la familia de Oviedo, la que se enamora del minero, en el sentido de que es muy curiosa, con muchas inquietudes. En ese sentido sí se parece más a mí que, por ejemplo, la hermana mayor, que solo ve su futuro con el único afán de casarse con un hombre que convenga, no solamente a ella, sino a toda la familia. En contraste, la hermana pequeña tiene otras inquietudes, estudia, tiene mucha curiosidad por el mundo que la rodea... Sí se parece más a mí, pero uno siempre procura no poner mucho de sí mismo. Yo prefiero crear los personajes con su propia personalidad, aunque, en este caso, sí se parece algo a lo que soy yo.

JAVIER OCAÑA

—¿Y cómo aborda las relaciones familiares de estas dos hermanas, aparentemente, tan dispares?

—En la novela hay dos familias, principalmente, una de la ciudad, acomodada, con dos hijas, y otra minera, que son tres hermanos varones. Cada una de las familias tiene sus propios conflictos internos y estos conflictos se van a ver agravados cuando las vidas de ambas familias se vayan a cruzar con esa historia de amor entre la hija pequeña de Oviedo y uno de los hermanos, uno de los mineros, que encima están involucrados en la lucha social, en la lucha obrera. Por su parte, la hermana mayor se va a enamorar de un guardia civil que está a cargo de reprimir esas luchas obreras y ahí es cuando van a aparecer los conflictos entre ellas, que son el motor de la novela.

JAVIER OCAÑA

—Se encuentra en plena promoción de «Los amores paralelos», ¿hay tiempo para pensar en la siguiente o es demasiado pronto?

—Yo creo que los autores siempre estamos a la caza de la historia, de la gran historia que nos emocione hasta el punto de sentarnos en una silla durante diez horas al día para organizar, planificar y estructurar esa historia. Yo estoy en ese proceso y ya tengo una historia que me emociona hasta el punto de sentarme a escribir, pero, claro, necesito que pase un poco la promoción de esta novela para llevarla a cabo.