Así actuaba el ladrón que desvalijaba en Pontevedra a sus ligues por internet tras sedarlos

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

E. V. Pita

El TSXG confirma los veintiún años de prisión impuestos al acusado

22 feb 2022 . Actualizado a las 23:10 h.

A mediados de mayo del 2019, la Policía Nacional de Pontevedra daba cuenta de la detención de un ladrón que había desvalijado a una serie de ligues a los que había conocido a través de una red social tras sedarlos con benzodiacepinas. En el mismo operativo fue arrestado su compañero de piso, de tal modo que mientras el primero fue condenado a veintiún años de prisión como autor de cinco delitos de robo y una estafa continuada, al segundo únicamente le cayeron dos años de cárcel por este último cargo, penas que acaba de confirmar el TSXG.

Entre sus víctimas, dos vecinos de la ciudad del Lérez, otro de Santiago, un cuarto de Vigo y un quinto con domicilio en la localidad ourensana de Celanova. De este modo, y pese a que, en su momento, el jefe de la brigada provincial de policía judicial de Pontevedra se mostró convencido de que habría otras víctimas, esto no se habría podido corroborar con posterioridad.

La sentencia del TSXG revela de forma pormenorizada cómo actuaban ambos sospechosos, de tal modo que Miguel Ángel D. S., apenas un mes después de haber llegado a España desde su Colombia natal contactó con la primera de sus víctimas, un vecino de la capital provincial, a través de un perfil que había creado en la página de contactos. La tarde de aquel 16 de marzo del 2019, ambos acudieron a un bar donde se tomaron una cerveza, momento en el que el acusado vertió benzodiacepina en la consumición del denunciante aprovechando que este había ido al aseo.

La cantidad de droga fue la suficiente para que este último comenzara a sentirse mal, con mareos. Intentó marcharse a su casa en coche, pero su estado era tal que ni pudo moverlo de donde estaba estacionado.

Miguel Ángel se ofreció a llevarlo: «Este, ante el estado de somnolencia y aletargamiento que sufría el perjudicado, no tuvo problema alguno en poder conocer los datos personales del mismo, dirigiéndose hasta Pontevedra, donde el perjudicado tenía su domicilio».

Una vez dentro del domicilio, consumó el robo para, acto seguido, ponerse en contacto con su compinche, Iván G. F., un empresario de la noche de Vigo que acogió al principal encausado cuando llegó a la ciudad olívica. De este modo, ambos utilizaron la tarjeta sustraída para hacerse con dinero de la víctima.

Este mismo proceder habrían empleado en otras cuatro ocasiones en un período de unas dos semanas. Entre los denunciantes, el cuidador de un vecino de Pontevedra que padecía enfermedad mental degenerativa y que, tras ser sedado con benzodiacepinas, comprobó que tanto él como la persona a la que asistía fueron víctimas de robos.

Tras su arresto, los investigadores pontevedreses destacaron las dificultades que tuvieron para esclarecer estos hechos. Y es que, tras suministrarles la droga, esta «les iba haciendo cada vez más efecto y cuando estaban en sus viviendas ya no se acordaban prácticamente de nada hasta el día siguiente de lo sucedido».