La operación salvaguardará la huerta para disfrute público pero el Concello espera que la Diputación de Pontevedra se moje e incorpore el convento como edificio del Museo
09 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.La noticia de la semana en Pontevedra es, sin duda, el anuncio del acuerdo al que se ha llegado para la compra del convento de Santa Clara por el Concello. Según la propia explicación del alcalde, un acuerdo verbal que dará pie a materializarse por escrito y firmarse ante notario por un importe que, según lo informado, sería de 3,2 millones de euros. Una cantidad que el gobierno municipal piensa pagar a tocateja, sin crédito, ni hipotecas, tirando de los remanentes de tesorería de que dispone el erario municipal.
Que un ayuntamiento compre bienes inmuebles y, por tanto, incorpore patrimonio a su inventario es, de entrada, una buena noticia que habla de una fuerte salud financiera. Entiendo que desde esa perspectiva -solo económica- la compra anunciada se celebre, no solo por el gobierno municipal, sino también por la oposición. La segunda parte de la operación es el destino que se le dará y el coste de mantenimiento que supondrá en próximos ejercicios con cargo a los presupuestos municipales.
Y para completar este preámbulo, otra cuestión que compete al libre ejercicio de análisis y crítica de cada ciudadano: la compra de un convento y una huerta en el centro de la ciudad en plena pandemia es más prioritario o menos que gastar esos tres millones y pico de euros en sufragar, por ejemplo, ayudas económicas directas a los sectores más castigados por la crisis sanitaria en este municipio.
Punto verde
Desde el punto de vista económico, el precio a pagar por la compra del convento no puede considerarse caro, en pleno centro. Aunque el solar no tiene aprovechamiento inmobiliario debido a la catalogación urbanística, de modo que poca alternativa más habría. Estaba fuera del alcance de los tiburones de la promoción. Por cierto: quienes filtraron hace meses que las monjas clarisas pedían un precio de entre 12 y 15 millones de euros se lucieron.
Es evidente que lo que más vale y lo que realmente compra el Concello es la huerta y el muro, pues se trata de un espacio de 10.000 metros cuadrados que potencialmente -ya veremos si Patrimonio lo permite- podría unirse a la plaza de Barcelos para habilitar un gran espacio verde a un paso de Benito Corbal y de la zona urbana con mayor densidad de edificación de la ciudad. Miguel Fernández Lores en la comparecencia en la que informó del preacuerdo con las clarisas, se vino arriba al proclamar que «Pontevedra tendrá la oportunidad de hacer una gran operación urbanística a la altura de lo que pudo ser a mediados del siglo XIX, de la mano de Sesmeros ,cuando se incorporaron la Alameda y Las Palmeras a la trama urbana», según afirmó ufano el alcalde.
Edificio para el Museo
Otra cosa es el valor de edificio conventual, que probablemente sea la parte de menor interés para el Concello y que generará los mayores costes de rehabilitación. La parte que no se nos ha contado es cuánto va a costar adecentar y restaurar el cenobio que lleva casi cinco años cerrado, con un manifiesto deterioro. Tampoco he visto referencia o estimación alguna de lo que le supondrá al Ayuntamiento el mantenimiento de la finca.
Al respecto, la hipótesis más probable es que el Concello tenga amarrada la cesión del convento a la Diputación para que sirva de séptimo edificio para el Museo de Pontevedra. Por las declaraciones de Carmela Silva y de César Mosquera, se atisba que desde hace semanas ya estaban en el ajo. La yuxtaposición de Mosquera entre Concello y Diputación debería engrasar esa parte de la operación que, caso de confirmarse, deberá ser a cambio de que la institución provincial asuma los costes de transformación del convento en un espacio museístico. Aunque parece que no será suficiente para sacarle de la cabeza al vicepresidente diputacional, la peregrina idea de las «micro voladuras» para conectar con pasos subterráneos tres de los actuales edificios del Museo en pleno centro histórico.
Plaga de abandonos
Otro de los aspectos favorables de la operación anunciada es que se lograría salvar Santa Clara de la epidemia de edificios cerrados que nos aqueja desde hace quince años. Algunos como la anterior sede de las delegaciones de la Xunta en Benito Corbal o la antigua Comandancia de la Guardia Civil han sido felizmente reconvertidos para nuevos usos. Otros envejecen de modo implacable. El antiguo edificio de Hacienda, cerrado desde el 2010 y a la venta. De la hipótesis de que pueda servir como futura sede del Archivo Histórico Provincial nada más se sabe. El antiguo Asilo de Ancianos, siendo un edificio de mínimo valor patrimonial, sin embargo, constituye otra muesca. En su caso, desde el 2012 cuando la orden religiosa que regentaba el geriátrico decidió bajar la persiana.
Y, por último, un caso especialmente sangrante porque le toca de lleno a los gobernantes municipales y constituye un flagrante incumplimiento: el edificio consistorial que diseñó el arquitecto Sesmeros y se abrió en 1880. La que fue sede del Ayuntamiento forma parte esencial del patrimonio de la ciudad y aguarda por un pretendido proyecto de reforma integral que teóricamente se iba a ejecutar en este año con los remanentes de tesorería, después de que se resuelva el concurso de ideas entre cinco estudios de arquitectura. Sesmeros y Pontevedra también se merecen recuperarlo.