«Somos como los músicos del Titanic, tocamos cuando todo se hunde»

José y Áurea llevan 37 años cantando por las calles de Galicia


pontevedra / la voz

Solo el confinamiento apartó a José y Áurea de la calle después de 37 años poniendo acordes y voz por toda Galicia. Su música se apagó entre marzo y junio y aunque las restricciones los tienen atados de pies y manos, intentan seguir poniendo la banda sonora al día a día de las ciudades. Ni el frío de Filomena apagó su voz. «Somos como los músicos del Titanic, cantamos cuando todo se está hundiendo», explica Áurea Piñeiro. Ella canta y su marido, José Socorro, toca la guitarra. «Con el frío que hacía estos días hasta las cuerdas de la guitarra me hacían daño, pero no podemos esperar a que se vacíe el peto del todo», explica.

Este matrimonio es tan conocido entre los vecinos de las Rías Baixas que cuando acabó el confinamiento «hubo quien se paró para decirnos que volver a vernos era parte de esa normalidad a la que nos acostumbramos en verano». Ahora, cuando la situación empeora a pasos agigantados, esos mismos espectadores espontáneos «nos agradecen la calma y la tranquilidad que transmitimos al cantar». Suelen escoger espacios alejados del barullo y acordes a las baladas que entonan.

Estos días intentan buscar una fórmula que les permita desplazarse para cantar. Es su modo de vida. Saben que tienen un mes duro por delante en el que apenas podrán moverse, pero también ahí transmiten esa paz de su música: «No podemos quejarnos, aquí estamos bien, tenemos que estar agradecidos a poder tener una manta con la que taparse y un plato de comida cada día». A pesar de eso, Áurea no niega lo duro que fue el confinamiento sin poder cantar, ni salir para disfrutar de su nieta, que nació en los primeros días de junio. Porque este matrimonio tiene cuatro hijas, que cuando eran pequeñas cantaban con ellos y hasta grabaron algún disco. Ellas han encontrado ahora otros caminos profesionales y solo una sigue los pasos de sus padres.

Desde Santander a Lisboa

José y Aurea no cantaron siempre en Galicia. Ella es de Vigo y él, de Las Palmas de Gran Canaria, pero sus comienzos fueron en Santander, donde vivieron siendo jóvenes. «Un domingo se nos ocurrió bajar a cantar y nos gustó, luego empezamos a ir también los sábados y después ya el viernes», comenta José, que recuerda que de la capital cántabra saltaron a Lisboa, donde estuvieron cuatro años, hasta que las niñas echaban de menos a los abuelos y se plantearon volver para que sus hijas continuasen con sus estudios en Galicia. «Vinimos para aquí porque llevar la caravana y el coche a Canarias era más complicado», comentan. Y desde Arcade, donde residen, se mueve diariamente por toda Galicia para no «cansar siempre a los mismos», dicen con humor. Eso les ha permitido trabajar en distintos eventos. «Antes nos contrataban para celebraciones, le decíamos que nosotros no tocamos música de bailar, pero eso era lo que querían. Estuvimos muchas veces en el altar con los novios», recuerdan.

Áurea reconoce que aunque ahora no se puedan mover «seguirá cantando porque me sana el alma» y anima a todo el mundo a que en estos tiempos de incertidumbre se enganchen a la música como salvavidas.

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