La marcha de hosteleros pone el foco sobre un sector que sigue zarandeado por las decisiones de Madrid, Santiago y Pontevedra
13 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Los once valientes que protagonizan la marcha a pie denominada Operación Rescate Hostelería, de la que La Voz de Galicia les informa periódicamente, ya han logrado que se ponga el foco sobre la situación del sector en Pontevedra, con una trascendencia mediática de rango nacional.
El gesto de estos empresarios de la comarca, miembros de la asociación Hoempo, echándose a andar hasta Madrid para que se visibilice la complicadísima situación de la hostelería pontevedresa para la que reclaman un rescate, no constituye un disparate sino una reacción desesperada. Perfectamente entendible, también, en Ourense, Puebla de Sanabria, Zamora, Arévalo y claro que en la capital del Estado, todas ellas poblaciones por las que pasan. Por tanto, supone una causa reconocible y compartida por miles de españoles que saben de la importancia económica y laboral de un sector que, unido al turismo, suponen casi el 20 % del producto interior bruto (PIB) de Galicia y de España, y que empleaban en conjunto a cerca de dos millones de trabajadores en todo el país. No es de extrañar por tanto que cadenas de radio y televisiones, así como periódicos de todo el país, se estén interesando por la peripecia de estos once empresarios peregrinos.
Por cierto, por donde atraviesan, les reciben alcaldes y alcaldesas de todo signo político. Como Cristina Cid, regidora del BNG de Allariz. Un dato que cobra especial valor comparativo teniendo en cuenta que cuando partieron el pasado lunes desde la plaza de España, el regidor pontevedrés no se dignó a aparecer. A pesar de que estaba avisado. Una señal más de la manifiesta falta de empatía de Miguel Anxo Fernández Lores con la hostelería local.
26 irresponsables
Puestos a comparar, viene a cuento aludir a los 26 irresponsables a los que pilló la Policía Local el pasado viernes 4, con una fiesta montada en un local comercial del centro histórico. Mientras se cruje a un sector crucial con restricciones asfixiantes sin que se haya justificado el supuesto acierto de ese proceder y se mantiene cerrado a cal y canto el ocio nocturno, asistimos a la nefasta conducta de estos 26 descerebrados que se pasan por el arco de Trajano las medidas cautelares vigentes y se montan su «party» (que no sería la primera), poniéndose en riesgo ellos y a sus congéneres. Me pregunto si estos «merluzos» tienen corazón, sentimientos y respeto por sus mayores.
Deben de pensar que el coronavirus no va con ellos. El problema es que ejemplos como este de Pontevedra, menudean por todas partes. Los especialistas médicos lo han prevenido un ciento de veces. Son estos episodios de fiestas y cuchipandas, el principal motor de contagios que jóvenes y menos jóvenes trasladan como centrifugadoras a sus entornos familiares. No sé si les llegarán a multar. Pero sería más eficaz una condena «estilo juez Calatayud». Deberían penar yendo a la uci de Montecelo a ver en primera fila a quienes luchan contra la muerte y al personal sanitario que les asiste.
Alivio «light»
Entretanto, la Xunta de Galicia alivió ligeramente a la hostelería de Pontevedra, Poio y Marín, que desde ayer pueden utilizar el 30 % del aforo en el interior de los establecimientos junto con el 50 % de la capacidad en terrazas. Pero siguen otras restricciones: solo 4 personas por mesa (sean o no convivientes) y cierre a las 17 horas. Un alivio muy «light».
El gobierno de Núñez Feijoo sigue atrapado en sus contradicciones. Criminalizó y mantiene penalizada a la hostelería aún a sabiendas de que el problema principal de los contagios no está en las mesas de los bares sino en cientos de hogares o de locales donde se infringen las recomendaciones. Y reincide en el error con un planteamiento permisivo con las comidas y cenas de Navidad, con la «milonga» de los grupos familiares, allegados y menores de 10 años que no suman a efectos del número de comensales. Un choteo.
Recurso y chapuzas
El recurso judicial presentado por el abogado Evaristo Estévez. con el apoyo de las patronales Aempe, AJE, Cámara de Comercio y Hoempo, contra el cierre al tráfico de la avenida Reina Victoria «es un medio, no un fin», como el propio promotor explicó. Si al gobierno de Lores le quedan «entendederas», debería captar el mensaje y sentarse a dialogar con los afectados, en lugar de empecinarse. Y evitar consecuencias probablemente incalculables. Aún el viernes una ambulancia y una patrulla de la Policía Nacional que asistieron una emergencia delante del instituto, tuvieron que subir por las aceras de la avenida por el terco empeño de mantener los bolardos fijos. Hay vídeos. Como un día haya una desgracia mayor, vamos a ver dónde se meten el tándem Mosquera/Demetrio. Por cierto, ambos, tan inasequibles al desaliento como amantes de la improvisación chapucera anunciaron que después de la tirolina de Navidad, nos «obsequiarán» con un circuito de skate en primavera. ¿Cuál será la siguiente chorrada que se les ocurrirá?
A este cúmulo de despropósitos solo le quedan dos soluciones: o el PSOE espabila y obliga a Lores a bajarse del trono desde el que ni escucha ni quiere saber. O bien, habrá que esperar a las urnas en el 2023 y sacarlos a golpe de votos. Seis mandatos consecutivos, sean de quien sean, van en contra de la saludable alternancia democrática. A las pruebas me remito.