El fotógrafo que se hizo a sí mismo

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

ANDRÉS BARCALA

Andrés Barcala fue un autodidacta que pasaba horas en la biblioteca buscando y estudiando libros técnicos

15 oct 2020 . Actualizado a las 15:54 h.

«Si tu fotografía cuenta una buena historia, es una buena fotografía. Y si eres capaz de hacerlo muchas veces, eres un buen fotógrafo». Andrés Barcala (Pontevedra, 1974) sintió pasión por la imagen desde el mismo momento que tuvo uso de razón. Él mismo así lo reconoce, al tiempo que rememora cómo compró su primera cámara, una Kodak Instamatic, en 1985 con «las monedas que pude recaudar durante un verano entero, aprovechando unas vacaciones con mis padres en Santander, en una tienda que estaba liquidando todas las existencia por cierre. Me costó 1600 pesetas».

Fue un autodidacta en toda regla, un ratón de biblioteca que se pasaba tardes enteras en lo que hoy es el Archivo Provincial de Pontevedra «buscando libros relacionados con la composición, la técnica, la modificación de la luz… Antes de que existiese Internet, todo se hacia de otra forma: saliendo a a calle, buscando información puerta a puerta, leyendo, pero sobre todo, practicando. Tenía docenas de carpetas llenas de recortes con fotografías de todo tipo: publicidad, retrato, fotoperiodismo…».

ANDRÉS BARCALA

De igual manera, rememora su primer revelado en casa del escritor pontevedrés Manel Loureiro, «pues tenía una vieja ampliadora en el trastero. Como puede imaginar, el resultado no fue lo esperado, pero aquella imagen sobreexpuesta y no demasiado nítida de un negativo que yo mismo había revelado me marcó».

Reconoce que le hubiera gustado comenzar antes una formación regalada, pues «no fue hasta casi la treintena» que Andrés Barcala comenzó a asistir a cursos, masterclass... En todo caso, termina confesando que, de haber empezado más joven, «eso me habría privado de otra época de mi vida que fue magnífica en el mundo de la verbena gallega (risas). Supongo que al final somos lo que hemos vivido, y mi vida está llena de capítulos que no quiero suprimir».

ANDRÉS BARCALA

Como fotógrafo defiende que todo artista o profesional tiene que adaptarse, saber moverse con cierta soltura en cualquier disciplina. «Has de ser capaz de tomar unas buenas instantáneas , tanto si te encuentras en un evento o ceremonia, como si se trata de la imagen de un producto publicitario. Cierto es que, dominar todos los palos es prácticamente imposible y, al final, optamos por especializarnos en los dos o tres campos que nos gustan más».

En su caso concreto, «me muevo mucho por el mundo del microstock, que no deja de ser imagen para publicidad neutra o ambigua». Pero también «la fotografía narrativa, donde en una, dos o tres imágenes cuentas una larga historia, es algo que me apasiona por su complejidad», mientras que la conceptual «es algo que no me puedo sacar de la cabeza. Aquí, lo que se ve tiene dos significados: el evidente o representativo, es decir, lo que ves con los ojos, y el conceptual, es decir, la historia que quieres contar».

ANDRÉS BARCALA

Pero, si hay algo en lo que este pontevedrés se siente a gusto, es en el dudoir, una variante del boudoir. Si este último concepto es lo que se viene conociendo como fotografía de tocador -«imágenes sutiles y sensuales alejadas de lo pornográfico. Piropos visuales»-, el dudoir es algo más reciente y es la alternativa masculina al boudoir.

«La relevancia se la lleva el modelo -explica Andrés Barcala-, la persona. Se trata de contar una breve historia (...). Es fotografía íntima o personal, pero no sexual, y es el tipo de imágenes que, en este momento, más me interesan, pues representan una gran dificultad tanto a la hora de iluminar, como de realizar el set, encontrar a la persona adecuada...».

La pandemia

En estos momentos, la pregunta es casi obligada: ¿Es la pandemia fuente de inspiración? A este respecto, y tras remarcar que «me inspira todo aquello que no me deja indiferente», el pontevedrés asume que el coronavirus «es una gran fuente de inspiración, precisamente, porque crea una enorme cantidad de sensaciones que luego he de transformar en imágenes. Las mas evidentes están relacionadas con la pérdida de familiares: dolor, tristeza, sufrimiento, ira, frustración… Pero existen otras muchas sensaciones asociadas a la pandemia que ya se mezclan con cuestiones económico sociales y políticas: miedo, hambre, desamparo, soledad...», además de que «la historia de cada afectado tiene multitud de puntos de enfoque (...). Cuestión aparte es que se agradable contar esas historias».

ANDRÉS BARCALA

De cualquier modo, el hecho de que las musas puedan aparecerse a la vuelta de la esquina explica casi siempre lleve encima lapiz y papel. A fin de cuentas, «cada vez que veo u oigo algo que pone mi cabeza en funcionamiento, me lo apunto, lo maduro y luego hago unos bocetos con la cámara. Ese es mi sistema».