«Soy más policía que camarera, es horrible»

Locales pontevedreses se dotan de porteros, precintan barras y se desesperan ante la escasa concienciación


pontevedra / la voz

A Marta González, que tiene treinta años de experiencia en el sector hostelero y que es una de esas empresarias incombustibles que siempre ven el vaso medio lleno, se le nota la angustia en la cara. Lo confirma ella, a las puertas de La Gramola, el local hostelero de ocio diurno y nocturno que regenta en la plaza pontevedresa de Méndez Núñez: «Soy más policía que camarera , es horrible. Nosotros cumplimos los aforos, pero la gente por la noche se junta en la plaza y tú no sabes qué hacer, vivo con una tensión tremenda. Da la sensación de que eres tú quien no cumple y en realidad es que simplemente la gente está fuera. Tengo un vídeo con la plaza a tope y el local cerrado». La desesperación de Marta, en realidad, la comparten también otros locales de Méndez Núñez y de otras plazas de la ciudad, como la del Teucro, que tienen terrazas o que sirven en el interior durante las noches y que se ven desbordados por la falta de concienciación de algunas personas.

Comenzamos en la céntrica plaza de Méndez Núñez, epicentro tanto de terraceo como de ocio nocturno. Tanto el Chirala como la Botica como La Gramola se vieron obligados a tomar medidas extra -es decir, más allá de lo que les obliga Sanidad- debido a que muchas personas no cumplían las normas. Sus responsables, prácticamente, hablan con una sola voz. «Es muy complicado, creo que fuimos los primeros en tener que poner un portero porque, literalmente, teníamos que perseguir a gente que se escapaba con la copa. Y no se puede beber en la calle», señalan desde El Chirala. «Cerramos la barra, la precintamos, porque es que la gente no entiende que tienes que beber ahí sin moverte y uno entra, otro sale y no logras controlarlos. Ahora solamente servimos en las mesas y aún así tenemos portero y hay problemas porque la gente se queda bebiendo en la plaza, haciendo botellón o lo que sea, y tú te ves impotente», afirma Enrique Gallas, desde La Botica.

A Marta González, de La Gramola, lo que más le enfada es que no es capaz de vislumbrar una solución. Al menos, un remedio que esté a su alcance: «Es que no veo que más podemos hacer. Recuperé a una persona que estaba en ERTE para poder ponerme yo de portera. Yo estoy en la puerta, pero es que son follones a cada paso, porque se acaba el aforo y hay quien lo entiende y hay quien no, porque tienes que insistir con las mascarillas, con que no pueden juntar... Y tú no eres un policía, no tienes autoridad», dice con impotencia.

Los hosteleros de Méndez Núñez coinciden en señalar que por la semana y por el día las cosas se llevan bien, que los clientes cumplen las normas, toman asiento y punto. Pero que las cosas se complican durante los fines de semana y por las noches, ya que se empiezan a formar aglomeraciones en la plaza y, aunque los locales cierren, el personal no se dispersa. Hasta ahora, este era uno de los pocos puntos de la ciudad donde había establecimientos de ocio nocturno funcionando. Ahora que pueden abrir todos los pubs y discotecas quizás la cosa cambie y quienes salen de marcha pululen por más lugares de la urbe. Aún así, los hosteleros no las tienen todas consigo.

«No les llegó el confinamiento»

Se queja exactamente de lo mismo, de que hay muy poca concienciación ciudadana, Adrián Santos, responsable del Banana, en la plaza de Teucro. Él tampoco da crédito a que la gente siga juntándose en la plaza: «A veces te da la sensación de que a algunas personas no les llegó el confinamiento, que tres meses encerrados no fueron suficientes para concienciarse. Hace unos días cerramos de madrugada y, media hora después, la gente seguía toda junta en la plaza, con los bancos llenos», indica. También se vio obligado a contratar seguridad para cumplir las normas.

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