La Diputación y las cuotas

El peso de Vigo y de Abel Caballero ha dinamitado el poder rural del PP. Al tiempo que el papel de la capital en el reparto de puestos en el organismo provincial disminuye


Finalmente podría confirmarse un cierto paralelismo entre lo ocurrido en el Concello de Pontevedra y en la Diputación Provincial. Mismos actores con distintos papeles en cada institución. Dos ecuaciones. Una despejada y resuelta antes del 15 de junio, con una negociación y acuerdo exprés que firmaron Miguel Anxo Fernández Lores (BNG) y Tino Fernández (PSOE) en tiempo récord. La segunda ecuación, pendiente, podría despejarse después del próximo miércoles, una vez constituida la nueva Diputación y reelegida Carmela Silva como presidenta.

Sea cual sea la fórmula en la Diputación habrá entendimiento. Cabe preguntarse ¿pudo existir cierta relación causa-efecto? Semeja que sí ya que de algún modo que el BNG se aviniese a hacer un gobierno de coalición con el PSOE en la capital, demandaría una satisfacción similar e inversa en la Diputación. Aparentemente. Aunque hay ciertas dudas razonables sobre el interés sincero de Carmela Silva en repetir un pacto de gobierno como el sostenido por PSOE y BNG en el último mandato. Parafraseando a Pedro Sánchez «colaboración» en lugar de «coalición». Y con un reparto de áreas de responsabilidad (por tanto cuotas de poder y capacidad presupuestaria) muy diferente al de los últimos cuatro años.

Pero también en la Diputación hay quienes apuntan que la fórmula de bipartito podría quedarse en un acuerdo que dejaría al BNG fuera del gobierno provincial. Quienes apuntan en esta dirección me señalan que lo que acaba de ocurrir en Vigo no ayuda a que David Regades, secretario general provincial tenga una cómoda negociación con César Mosquera, el interlocutor del BNG. Se refieren a la decisión de Abel Caballero de dejar al BNG sin grupo municipal propio y abocarles a ir al mixto con Marea.

28 años de alcaldes del rural

En la historia política reciente de la Diputación, el juego de pesos y contrapesos entre Vigo y Pontevedra ha influido en cómo se han desencadenado los acontecimientos. Ahora manda Abel Caballero. Cuando en 2015 obtiene victoria por mayoría absoluta, el peso electoral del PSOE se multiplica y con el apoyo del BNG quiebran la racha de la derecha (UCD, AP y PP) que retenía la presidencia y el control de la poderosa institución. Rafael Louzán fue el último presidente que procedía del Partido Popular y de un municipio pequeño. Fue, en cierto modo, el último representante -ya en versión 2.0- del poder rural que el PP llegó a tener en la provincia. Lo que se identificó periodísticamente como el «sindicato de alcaldes», un grupo de poder e influencia que tuvo como muñidor a José Manuel Barros, alcalde de O Porriño y que elevó a Pepe Cuíña Crespo, desde la alcaldía de Lalín pasando por la presidencia de la Diputación hasta aterrizar en la Consellería de Política Territorial y ser la «mano del rey» del presidente Manuel Fraga durante trece años, hasta su dimisión en 2003 en plena crisis del Prestige.

Desde 1987 hasta 2015 cuatro políticos de concellos del rural (dos de Lalín, uno de A Cañiza y otro de Ribadumia) presidieron Diputación. Pepe Cuíña, César Mera, Manuel Abeledo y Rafa Louzán coparon ese amplísimo período de 28 años. Antes que ellos dos pontevedreses de la capital, Federico Cifuentes y Mariano Rajoy Brey, y un vigués, Fernando García del Valle ocuparon el sillón presidencial, desde que se celebran elecciones municipales democráticas.

El contrapunto Vigo-Pontevedra

La llegada de Carmela Silva trunca dos hábitos inveterados en la Diputación desde hace décadas: no es de derechas y no es hombre. Su primer mandato tuvo un acento especialísimo: políticas con perspectiva de género. Ha repetido varios «mantras» que marcan su gestión: convertir Pontevedra en la provincia de la igualdad. Y reivindicar que las mujeres son la mitad de la sociedad y su papel debe estar concorde al porcentaje.

Pero no podremos ignorar que las presidencias de Carmela Silva son consecuencia directísima de la enorme influencia de Abel Caballero. Si los resultados de 2015 eran buenos, los obtenidos ahora por los socialistas de Vigo y su área metropolitana son espectaculares. En consecuencia el botín a cobrar en número de diputados provinciales vuelve a ser muy alto. Además de Carmela, cinco concejales más de Abel, serán diputados provinciales. Y hay que sumar tres más de Nigrán, Redondela y Gondomar. Contrasta con el plantón que una vez más se da a los socialistas de la capital. A pesar de la mejoría de resultados obtenida por los de Tino Fernández a quien la actual dirección socialista no le perdona que apoyara al rival de Regades.

La cuota de la capital será de dos concejales diputados: el eterno César Mosquera (lleva 28 años seguidos en Palacio Provincial) y Pepa Pardo, del PP que simboliza el premio a Rafa Domínguez por su excelente resultado. El resto de la representación por el partido judicial de Pontevedra lo completan Jorge Cubela, alcalde de Cerdedo-Cotobade y probable portavoz de la oposición y Elena Estévez, ex alcaldesa de Bueu, también del PP. Por el BNG, María Ortega, una concejala de Moaña. Mientras el PSOE dio sus dos escaños por esta circunscripción a sendos concejales de Poio y Caldas de Reis, por si quedaba alguna duda de la penitencia decretada a los compañeros de la capital.

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