Negociaciones y disculpas

BNG y PSOE tantean un pacto que no parece entusiasmar a Lores. Mientras el PP se refugia en el resultado de Rafa Domínguez para escabullir responsabilidades en la provincia


A contracorriente con respecto a su discurso desde la noche del 26M, Miguel Fernández Lores acaba de anunciar que sí, que el BNG entra en negociaciones con el PSOE para la posible formación de un gobierno de coalición en la ciudad. Sigo convencido de que Lores piensa que no necesita para nada al PSOE como socio de gobierno. Pero ha accedido a negociar en aras a un interés añadido que, probablemente, sea ayudar a facilitar coaliciones entre socialistas y nacionalistas en otros concellos y, sobre todo, en Diputación Provincial. Pero Lores no se lo va a poner fácil a Tino Fernández y compañía. De sus declaraciones no se ve que le ponga mucha «ansia». Ya ha puesto como «línea roja» que el «modelo de cidade» no se toca. La advertencia demuestra que sigue encastillado en la supuesta infalibilidad de su estandarte a pesar de las señales de agotamiento que otros observan.

De modo que si los 4 concejales del PSOE quieren alcanzar un pacto de gobierno con el BNG, deberán comulgar con el «modelo de cidade» y evitar críticas al respecto. Y aunque Tino Fernández abomine del supuesto papel de comparsa, no creo que el BNG les ceda mucho protagonismo y presupuesto. Los nacionalistas llevan cuatro años gobernando cómodamente en solitario y ahora tener que compartir…

Amor y desamor

El anuncio del regidor en funciones iba con la coletilla de que «xa temos unha experiencia e debería ser doado acadar un acordo antes do 15 de xuño ou non». De veras ¿quiso dar a entender que podría llegar a la investidura con un pacto de gobierno prácticamente hecho? No parece sencillo aunque durante doce años ambas fuerzas políticas han generado una cultura de acuerdos que, se supone, abonaría el terreno.

Es cierto que la última experiencia (2011/2015) fue la más difícil. La relación entre el propio alcalde Lores y Tino Fernández, concejal delegado de Deportes, estuvo marcada por varios desencuentros. Esos roces se evidenciaron durante los cuatro años siguientes en las indisimuladas críticas de Tino a Lores a propósito de asuntos como las obras de Pasarón. El socialista censuró la tolerancia del alcalde a tragar con el desfase del coste de las obras del estadio a fin de no empañar la colaboración con Rafa Louzán y Diputación.

Durante el pasado mandato hubo momentos en que el portavoz socialista fue, con diferencia, el que verbalizó las críticas más aceradas contra el veterano alcalde, incluso más que el PP. Sin embargo, Tino Fernández y Miguel Anxo Fernández Lores terminaron «comiendo perdices» como reflejó el respaldo que el PSOE dio al último presupuesto municipal que ayudaron a aprobar, mediante su abstención, a fines de 2018. Desde entonces parecen menos distantes.

«Excusatio non petita»

Si no fuera porque en política cabe esperar que alguien pretenda excusar lo inexcusable, nadie entendería la alarmante ausencia de autocrítica del PP de Galicia y de modo manifiesto la de su líder. Esta semana se celebró plenario de la dirección provincial del Partido Popular de Pontevedra al que acudió el propio Núñez Feijoo. Si alguien imaginó que entonaría el mea culpa por los malos resultados en esta provincia -donde se les vuelve a escapar la Diputación- esperará en balde. Si alguien imaginó que Feijoo asumiría su responsabilidad directa en el fracaso de Vigo, va apañado. Actúa como si él no hubiera sido quien se inventó como alcaldable a la ex conselleira de Facenda, Elena Muñoz. Y tampoco como quien la revalidó como candidata a la que Abel Caballero acaba de asfaltar.

Desde hace ocho años ciertas decisiones del presidente de la Xunta en la provincia de Pontevedra se han leído en una clave viguista que no le ha funcionado. Guiños como el de duplicar la delegación territorial de la Xunta para contentar a Vigo o la supresión de la delegación de la CRTVG en Pontevedra a favor de la ciudad olívica, por citar dos viejas heridas, no le han dado los votos que esperaba.

La responsabilidad última de Feijoo fue poner a Alfonso Rueda como presidente provincial del partido hace cuatro años cuando Rafa Louzán es culpabilizado de la debacle que llevó al PP a perder la Diputación. La recuperación de la institución provincial era el objetivo que Feijoo marcó y que el supuesto delfín no ha conseguido. Resta por saber si este fracaso tendrá consecuencias futuras para Rueda.

Cortina de humo

De momento el PP ha utilizado como cortina de humo el resultado de Rafa Domínguez en la capital que se ha leído como «la evidencia del final del ciclo de Lores». Lectura, como mínimo, hiperbólica. Ciertamente Rafa ha conseguido un gran resultado al vencer a las encuestas, al desánimo y al «efecto Lores» en el voto de la ciudad, consiguiendo 9 concejales cuando las expectativas eran de 6 o incluso de 5. Pero para afirmar lo de «final de ciclo» debería haber conseguido impedir el que será sexto mandato consecutivo del regidor nacionalista. Puede que en 2023.

Feijoo y los suyos están viéndole las orejas al lobo de cara a las elecciones autonómicas de 2020. Que en medio de la crisis que les atenaza, surjan algunos valores emergentes como Rafa Domínguez debe constituir un alivio para la militancia del PP. Lo escribí hace meses y después del 26M, queda ratificado por los acontecimientos: este chico ha venido para quedarse.

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