Sechu López será el primero en bordear la costa gallega en kayak
06 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando mira hacia abajo, ve doble. Le ocurre desde que hace dos años un coche se lo llevara por delante en Chapela cuando volvía en bici del trabajo. El conductor salió del garaje sin mirar y le golpeó. Se dedicaba al mantenimiento de trenes. Llevaba décadas haciéndolo hasta que el atropello le obligó a dejarse colocar unas placas y mallas de titanio en los ojos. Las primeras alrededor de las cuentas, en el hueso, las segunda, en el fondo del ojo. GRacias a estos avances tecnológicos y médicos, y a tres operaciones en los últimos veinticuatro meses, Sechu López ahora solo ve mal cuando mira hacia abajo. Bueno, es cuando ve realmente mal. Doble, para ser precisos. «E canto máis cara abaixo, máis dobre», matiza.
Así que dejó la montaña. Porque Sechu, además de electricista electrónico de Renfe, es uno de los gallegos que más alto ha llevado el nombre de su tierra natal. Literalmente, sin metáforas. El ourensano de nacimiento, vigués de adopción -vivió allí 24 años y se siente de allí- y residente temporal en Vilagarcía de Arousa -donde vivió dos años cuando era aprendiz en la empresa-, Madrid, León y Miño -donde reside actualmente- es uno de los montañeros de élite más conocidos de Galicia y de España.
En sus aventuras ha tenido que dejar atrás compañeros desaparecidos -le ocurrió en julio del 2009 en el Gasherbrum - y empeñarse en sobrevivir en situaciones extremas. Ninguna de ellas le ha quitado la sonrisa y el buen carácter. Es paciente e inquieto, aunque ahora hora se lo toma todo con más calma. Todo menos la vida. Se ha empeñado en exprimirla a tope y colgar su jugo en las redes, tanto a través de su blog www.sechu.gal, como de su página de Facebook, que también responde a su nombre.
Tresmiles y estaciones de esquí
En él sigue las hazañas de sus colegas y las celebra como su fueran propias. También las suyas, claro. De tresmiles en tresmiles, dosmiles, subidas a estaciones de esquí como la de Cerler o lo que se ponga por delante. Viéndolo, se entiende que sea una de las cosas que le hacen sentir vivo. Las otras son sus aventuras en plena naturaleza. Él solo. Sin ayuda.
Por eso eligió recorrer toda la costa gallega en kayak bordeando todas las rías, hasta el fondo. Los trayectos en línea recta ya no son ningún secreto para los palistas aficionados, pero este nuevo reto, sí. Es la diferencia entre hacer cuatrocientos o 1.500 kilómetros, explica el alpinista unos minutos antes de empezar a cargar su embarcación de cosas -entre ellas, la tienda de campaña, por si tiene que dormir donde surja- y lanzarse a la décima etapa de la aventura desde Aldán.
Se compró la piragua el verano pasado, y se le ocurrió. Así. «Eu fixen deporte toda a vida. Saio habitualmente a facer actividades deportivas, así que se pode dicir que estou en forma, e logo si fixen algún curso específico para pillar a técnica en kaiak, pero non fixen una preparación detallada. Xa fixera cousas nesta clase de embarcación, pero non así. Algunha travesía teño feito. Empecei co piragüismo hai trinta anos como un máis dos deportes que facía. Pero nunca tantos días nin nada parecido. É un reto e ten un gran compoñente de aventura. Apetecíame facelo e metinme nelo», matiza.
«Esa incertidume»
Pero, ¿por qué este y no otro reto? ¿Qué tiene? «O kaiak... que estás no mar e, un pouco como a montaña, é natureza salvaxe. Non sabes o tempo que vai facer mañá, non sabes se vas ser capaz de chegar a un sitio ou non. Esa inquedanza, esa incertidume, é a aventura: non ter garantido o que vaia pasar. Iso é vidilla. Gústame facer cousas que me fan sentir vivo», reconoce.
El de ayer fue uno de esos días. Las previsiones meteorológicas no auguraban ni sol ni nubes alternas. Eran claras: lluvias y algo de viento. Aventurero pero realista, advertía ya antes de subirse de nuevo a la piragua que no tenía la menor idea de dónde iba a llegar anoche ni a qué hora. Pero, como tampoco se ha marcado una fecha de llegada -calcula unos dos meses, pero advierte de que pueden ser más o menos sin ninguna alteración-, ni la de ayer ni la de hoy ni la de mañana van a cambiar sus planes de futuro. Para empezar porque, de momento, tiene estos.