Además de ser la responsable de O Salnés, Rosana Rey acoge a una niña.
-Si establecemos una comparación entre zonas, ¿O Salnés tiene más o menos familias acogedoras?
- Más o menos están todas equiparadas. Como las listas no están cerradas, todavía hay un pequeño baile de altas y bajas. Lo que son familias nuevas, estamos pendientes de una.
-¿Las nuevas incorporaciones son poco habituales?
-Hace tres años se sumaron bastantes familias. Desde entonces no volvió a haber un incremento tan significativo, hay pequeñas variaciones.
-Ya personalmente, ¿qué la anima a participar?
-Cuando era una adolescente y veía a los niños, empecé a preguntarme de dónde venían y a interesarme por el programa. Es algo que siempre me quedó ahí. Nadie habla del pueblo saharaui pero es una pasada como viven. Tengo la gran suerte de haber ido tres veces y puedo decir que tengo una familia ahí. No tienen nada pero te lo dan todo.
-¿Es habitual mantener el contacto al marcharse?
-No lo hace todo el mundo pero sí, a la gente le gusta ir a verlos, conocer el sitio en el que viven... Es increíble. Lo normal es que se procure mantener el contacto.
-Pasados los dos meses de verano, ¿tienen información de cómo llevan el regreso a su realidad?
-Quieren ver a sus familias porque las echan de menos pero también les cuesta. Aún así, por lo que he hablado con niños que vinieron y ahora son mayores, ellos saben muy bien a lo que vienen. Están hechos de otro material. Es sorprende. Después, algunos se inscriben a otros programas. Tienen un convenio con Cuba, por ejemplo, por el que pueden irse allí a estudiar. Otras veces, es complicado.
-En las familias con hijos, ¿facilita o complica la inclusión?
-Nosotros hablamos con nuestro hijo antes de dar el paso. Ahora está loco con ella, si fuesen hermanos de sangre, no se querrían más de lo que lo hacen ahora. En mi última visita al Sáhara, también se apuntó para verla.