Una vida entre clases de equitación y competiciones

La tres veces campeona gallega de doma clásica alterna sus entrenamientos con los que imparte a sus alumnos


O GROVE / La voz

A nadie debería sorprenderle que Sara Domínguez sea tres veces campeona gallega de doma clásica y, otras tantas veces, subcampeona. Creció rodeada de caballos desde bien pequeñita. Con unos padres entregados a un criadero de caballos de pura raza española en O Grove, lo extraño hubiera sido que su pasión por la equitación no hubiese aflorado. A los siete años ya participaba en competiciones de doma. Aunque también se formó en saltos en pista y cross (saltos en campo), se decanta por esta modalidad. Además, «el caballo español tiene unas condiciones óptimas para la doma», explica. Este año subió a lo más alto del podio junto a Gaucho, el animal al que comenzó a domar y montar hace cuatro años. Desde entonces, se han convertido en una pareja imparable.

La amazona meca vio en Gaucho la condiciones perfectas para convertirse en un campeón. «Aprende fácil, tiene buenos movimientos y mantiene el equilibro», señala Sara. Empezaron a trabajar juntos y se creó el vinculo. «En el momento que apuestas por un caballo, se genera una unión», afirma. Juntos acudieron el verano pasado al campeonato gallego celebrado en el Centro Ecuestre Pinteño de Cambre, y juntos salieron victoriosos. Además de en competiciones de doma, también han participado en concursos morfológicos. En Equina 2015, celebrada en el marco de la Semana Verde de Silleda, se hicieron con el premio al mejor caballo nacido en Galicia y, en 2016, con el de mejor funcionalidad. En esta última categoría, explica que se tienen en cuenta aspectos como la actitud o el tipo de movimientos. En cuanto a la doma, «es muy técnica». «Para la realización de ciertas figuras hay que ser muy exacto», explica. Lo más difícil para ella son las piruetas.

Sara disfruta de la competición pero también de la doma. «Se empieza por fortalecer la musculatura. Primero a través de la cuerda y después montando. Cuando adquieren buena forma física, ya se les pueden poner la montura y las vendas», explica la amazona. Sobre el plazo para ser montados por personas inexpertas, habla de unos cinco años.

Profesora

Además de domar y competir, Sara imparte clases de equitación en el Centro Ecuestre Galiocio. Para ello, estudió primero en Ourense y, después, en Santiago. Pero, antes de sacarse el título de técnica ya contaba con una amplia formación a sus espaldas. A ello destinó sus veranos. «Con trece o catorce años estuve en el centro de adiestramiento de Víctor Álvarez, en Gerona», señala. También estuvo en el centro Vale do Lima, de Ponte de Lima, Portugal. Allí conoció a jinetes como Sergio Martín Palos, seleccionado, hasta la última prueba, para asistir a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Aunque las clases ocupan a día de hoy casi todo su tiempo, Sara sigue reservando un espacio para la formación. Unas horas para perfeccionar el binomio que forma con Gaucho. En este caso, lo hace junto al jinete Alberto García, de Salamanca, a donde acude de vez en cuando. Con su labor de profesora, por su parte, se muestra encantada. Logró hacer de su afición su trabajo. «Nerea Goldar (una de sus alumnas) se proclamó campeona gallega en la categoría alevín de este año», cuenta. La victoria en Cambre fue, así, doble. «Estamos contentísimas», añade sobre su triunfo y la de la pequeña vilagarciana de 12 años, que montó a su yegua danesa Hierbabuena. Se estrenaba en el campeonato gallego. 

Además de clases, Sara está involucrada con la psicóloga meca Gema Domínguez en un proyecto para ayudar a menores con alguna discapacidad física o psíquica a través de la denominada equitación terapéutica. Están entusiasmadas con el proyecto y con los resultados que empiezan a percibir. Puede decirse que los caballos no la dejan parar quieta.

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