«La relación de Valle-Inclán con las drogas no se ha explotado suficiente»

Patricia Calveiro Iglesias
p. calveiro RIBEIRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

MARCOS CREO

Destaca que todavía queda mucho por investigar a pesar de cumplirse 150 años de su nacimiento

30 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Aunque no lo llegó a conocer personalmente, Joaquín del Valle-Inclán Alsina (Compostela, 1953) ha dedicado media vida a descubrir los detalles que rodearon la vida y obra de su abuelo. A sus 63 años, el nieto y biógrafo del creador del esperpento ve cómo por el 150 aniversario de su nacimiento se multiplican los reconocimientos, aunque cree que en general no se le ha hecho justicia. Lo dice con esa mirada que parece siempre serena y pensante, voz pausada y un tono conciliador en donde no se intuye un ápice de resquemor.

-Son muchos los actos que estos días hay en Galicia en homenaje a Valle-Inclán, ¿había una deuda pendiente?

-Creo que, lamentablemente, no ha sido reconocido ni en Galicia ni fuera de ella. Algunas de sus obras son conocidas, Luces de bohemia por ejemplo, y otras como El ruedo ibérico, que fue su última producción y quizás la más grande en todos los sentidos, desde el año 1927 hasta hoy ha tenido cinco o siete ediciones tan solo.

-¿A qué cree que se debe esto?

-Bueno, tampoco es una lectura fácil. Frente a la mala costumbre del bestseller, de la literatura como la comida rápida, los literatos tampoco tienen mucho futuro. Hoy encontrar obras de Julio Camba o de Fernández Flórez, por ejemplo, es una tarea de bibliófilos.

-¿Qué considera que queda por hacer por la figura de su abuelo?

-Ahora desaparecen los derechos y cualquiera podrá editarlo. No creo que eso traiga muchas ventajas, la verdad. Lo que convendría, en mi opinión, sería primero hacer un catálogo razonado de los cambios de texto en la obra de Valle-Inclán porque a lo mejor así nos olvidábamos del mito de que todo eran correcciones de estilo, cuando no es verdad. En segundo lugar, una iconografía completa o una exposición sobre eso. Y por último, faltan estudios que analicen perspectivas no contempladas actualmente en el academicismo imperante.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo su relación con las drogas y el misticismo, que no se ha explotado lo suficiente y daría para un estudio interesante. Esto está aún por investigar.

-Lleva 30 años escudriñando en la vida de Valle-Inclán, a lo que se suman los trabajos publicados en la revista semestral Cuadrante. Pero, ¿cuál diría que es la etapa más oscura?

-En lo que hace falta más trabajo es en el análisis en su período. Es decir, si hablamos de su relación con las drogas y el misticismo hay que entender que en 1900, por citar un año, si lees la prensa madrileña o de nivel estatal en los anuncios verás cosas como la cocaína del Perú mentolada contra la tos y el catarro. Hay que estudiar el tema en su época, en donde no había ninguna vergüenza en torno a eso. De hecho, Valle-Inclán dice bastantes veces en público que toma hachís, cáñamo índico lo llama él. Lo que nos queda por saber es qué relación hay con esa droga, que primero usó como receta médica y después para experimentación personal con el misticismo. Sabemos bastante sobre sus teorías místicas, pero poco sobre cómo las fue desarrollando gracias a lo que él llama sus éxtasis. Si uno se sale de los tópicos habituales queda mucho por saber.

-Hablando de tópicos, hay muchos que lleva tiempo tratando de combatir: que era bohemio, que llegó a vivir en la pobreza... ¿siente que sigue habiendo una imagen distorsionada?

-Totalmente, de él y de muchos otros contemporáneos. ¿Pobre? Cuando va a Madrid y se instala definitivamente en 1895 es funcionario, no tiene que ir al trabajo, se limita a cobrar un sueldo de 2.000 pesetas al año, que de aquella era una cantidad no grande, pero respetable. ¿Bohemio? Era un hombre muy ordenado, su propio editor, compraba su propio papel, encargaba los tipos de imprenta, los diseños, vendía el libro por su cuenta... Todos sus papeles están llenos de números.

-Tanto cálculo no encaja demasiado con la imagen de bohemio...

-Y sacó adelante a una familia de seis personas, su mujer y sus cinco hijos. Lo que quiero decir con esto es que si la bohème, la gitanería, se hubiera traducido correctamente al castellano aquí no hubiese habido bohemios.

-¿Nos estamos aferrando a una imagen romántica?

-Nos ha quedado una versión muy romántica. La gente se ha agarrado a esa imagen distorsionada y romántica de época, porque nos sobran testimonios para demostrar que no era pobre. Su familia paterna era rica y sabemos que en 1890 en Santiago se cambia de traje dos veces al día, va a jugar al Casino y pierde bastante dinero. No parece que sea un hombre pobre. Yo no niego que cuando pierde el brazo, y con él su momio ministerial, tenga unos años malos pero siempre tuvo casa y servicio doméstico. Si se compara con la mayoría de la población madrileña, donde el hambre hacía estragos, parece que estaba por encima de la media.

-Sugería este mes realizar un itinerario literario por Barbanza, igual que se elaboró uno por O Salnés. Aunque ya está el trabajo de investigación hecho, falta financiación para llevarlo a cabo. ¿Es que el turismo cultural no interesa o qué falla?

-La guía para hacer una ruta de Valle-Inclán literaria, vital y geográfica lo que necesita es financiación. Creo que las Administraciones públicas, a todos los niveles, no están viendo el futuro que tiene el turismo cultural. No es el inmediato, el de sol y playa, pero dentro de cinco años el turismo cultural bien llevado podría dar mucho de sí. Ahora, hay que invertir, y tampoco es tan caro.

-Esta semana dio una charla analizando los vínculos del autor con A Pobra y Vilanova, dos concellos que llegaron a pelearse por su paternidad...

-Lamentablemente, sí. A estas alturas entiendo que es un debate que ya se ha superado. Yo discutiría si Valle-Inclán era de Vilanova o de Florencia, pero por siete kilómetros por mar ni me tomo la molestia. Igual que tampoco nos aporta nada la discusión por 25 metros en Vilanova sobre si nació en un lado o en otro.