Ni el mal tiempo impidió que las carpas volviesen a llenarse de comensales
05 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.No es esta la primera vez que la fiesta grovense se las tiene que ver con el mal tiempo. La lluvia suele hacer su aparición en alguno de los doce días en los que el municipio le rinde homenaje a este producto gastronómico. Pero el temporal tuvo ayer una especial incidencia y mermó ligeramente la asistencia al recinto festivo. Los que llegaron allí a pesar de las inclemencias meteorológicas disfrutaron, curiosamente, de un día casi soleado. El viento y la lluvia se habían ido casi por completo cuando de las planchas de la fiesta comenzaban a salir las primeras raciones.
Desde Valdoviño llegó una de las familias que ayer daba buena cuenta de varios platos en la carpa de degustación. El tiempo no fue un impedimento para su viaje. «Xa tiñamos o día para isto e sabíamos que había carpas e que dentro se estaba ben», explican. Las dos carpas de degustación estaban llenas, aunque había más huecos de lo habitual en fin de semana. No es de extrañar. El temporal se dejó sentir en toda Galicia y fueron quizás los turistas autóctonos los que más fallaron a la cita.
Sin agobios y con sol
Así las cosas la de ayer fue, al final, la jornada perfecta para disfrutar de la fiesta. Alrededor del mediodía las condiciones meteorológicas cambiaron de forma radical. Las nubes desaparecieron y el sol comenzó a asomar tímidamente. Hasta el viento dejó de soplar. Y aunque en el interior de las carpas había gente, no se registraron los agobios típicos de una jornada de domingo. Conseguir los bonos para hacerse con una ración de marisco no era tarea complicada. Tampoco encontrar un hueco en las mesas. Más difícil resultaban estas dos tareas en la zona de los pinchos, donde ocho restaurantes ofrecen diversas preparaciones. Las seis mesas instaladas para la ocasión resultaron, en ocasiones, escasas y la única caja disponible se hartó de vender raciones.
De animar el ambiente se ocuparon, como siempre, los grupos folclóricos. Triunfaron, como siempre, los conocidos marisquiños y los cabezudos, muy demandados por turistas y vecinos para hacerse la típica fotografía. Todo ello mientras en las cocinas se seguían preparando raciones sin parar. Porque aunque la afluencia fue menor que otros años, los comensales de ayer por la mañana dieron cuenta de miles de platos. El Marisco sí que es un temporal.