La campaña prenavideña de la Guardia Civil de Tráfico ha puesto de manifiesto que la mezcla de volante y estupefacientes no es algo exclusivo de los horarios nocturnos
21 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Tres y cuarto de la tarde del pasado jueves. Varias dotaciones de la Guardia Civil de Tráfico se desplazan hasta la N-550 y establecen un punto de verificación de alcoholemias. Aparentemente, de manera aleatoria, los agentes van requiriendo a algunos conductores para que estacionen en el arcén y «soplen».
En determinados casos, se pide, asimismo, que se sometan al narcotest. Se trata de personas sobre las que, pese a haber dado negativo por alcohol, existen las sospechas de que pudieran haber consumido algún tipo de sustancia estupefaciente. Y pronto van cayendo, uno tras otro, los positivos. En los cerca de cuarenta y cinco minutos que la Guardia Civil ha estado presente en este punto de Salcedo, cuatro conductores lo dieron por drogas, mientras que otros dos lo fueron por superar las tasas máximas de alcohol.
En la mayoría de estos casos, la situación se solventa con una sanción administrativa. No obstante, en aquellos supuestos en los que se considera que la persona en cuestión ha podido ser un riesgo en la carretera, se opta por la detención y la imputación de cargos penales. En el caso del alcohol, es la propia la normativa la que recoge, ya no solo el límite máximo permitido -0,25 miligramos por litro de aire espirado-, sino también la línea que separa lo que es una multa administrativa de lo que es una sanción penal -0,6 miligramos-.
En todo caso, los conductores le dan la razón al teniente del destacamento de Pontevedra, Juan José López Castro, cuando rechaza que este tipo de campañas prenavideñas tienen afán recaudatorio. En su lugar, destaca que, hoy por hoy, los usuarios de la carretera las ven «como algo absolutamente habitual» y, de hecho, considera que son los propios conductores las que las demandan. «Los controles de alcoholemia han sido la herramienta principal que ha permitido en los últimos años concienciar y disuadir a la población de conducir bajo los efectos del alcohol», apunta al respecto.
«Están bien. Tendría que haber más», sostiene un vecino de Figueirido al que le tocó el pack completo -control de alcoholemia y de drogas- y dio negativo en ambos. «El problema es que siempre piden que soplemos los que vamos bien», bromea el conductor de un Ibiza que se dirigía a su puesto de trabajo en Vilaboa y que tampoco tuvo el menor problema en continuar viaje.
En otros casos, el ojo clínico de los agentes ya les hace sospechar que su interlocutor podría no encontrarse en las mejores condiciones para situarse ante un volante. El que se apee del vehículo y se olvide de poner el freno de mano no hace más que acrecentar la corazonada. Negativo en alcohol, pero positivo por drogas. Y aún no son ni las tres y media de la tarde.
Es la tónica de los primeros días de una campaña que concluye hoy. En la comarca, solo entre el lunes y el jueves se han denunciado doce infracciones por exceder la tasa máxima de alcohol y diecisiete en materia de drogas.
Pero si de algo se quejan los usuarios de la carretera a los que les toca pasar por el trance del narcotest es la duración del mismo. «Es mucho tiempo el que pierdes. Hoy no tenía prisa, pero si me cogen camino del trabajo...», razonaba un pontevedrés, que confesó que no es la primera vez que tiene que soplar -«ya di positivo una vez y quedé escarmentado»-.
Se estima que el tiempo que se debe invertir en realizar estos tests puede llegar a superar, en algunos casos, el cuarto de hora. Y eso que su funcionamiento es sencillo. En un primer momento, el conductor debe introducirse el colector de saliva en la boca para recoger una muestra. La demora dependerá de la capacidad de salivación de cada persona, así como estará muy influida por el hecho de que determinados estupefacientes provocan sequedad.
Una vez obtenida la muestra, esta se introduce en un analizador que, al cabo de unos breves minutos, determinará si da positivo o negativo para una serie de sustancias estupefacientes: cocaína, cannabis, opiáceos, anfetamina, metanfetaminas, benzodiacepinas...
En cualquier caso, en el transcurso de controles preventivos como el desarrollado en la N-550, los agentes de Tráfico no solo se preocupan de comprobar que el conductor no haya bebido en exceso o que no esté drogado, sino que también verifican otros extremos para garantizar la seguridad. Así, comprueban que los vehículos han pasado la ITV, que disponen del seguro obligatorio o que, simplemente, la profundidad del dibujo de la rueda es la reglamentaria. «Pero, ¿me va a multar por esto?», preguntaba, incrédula, una conductora después de que uno de los guardias comprobase el desgaste del neumático.
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