Pontevedra, ejemplo a seguir

Las conclusiones del congreso Ciudades que caminan, celebrado estos días en la capital del Lérez, ratifican nuestra condición precursora en movilidad y calmado del tráfico

Eugenio Giráldez ejerció como moderador de las mesas redondas en la jornadas del viernes.
Eugenio Giráldez ejerció como moderador de las mesas redondas en la jornadas del viernes.

Para aquellos pontevedreses que aún no estén orgullosos de la transformación urbana de esta ciudad y tengan en poca o nula estima el avance en la conciliación de tráficos rodado y peatonal que se pretende, hubiera resultado una terapia adecuada darse una vuelta por el congreso Ciudades que caminan que albergó el Pazo da Cultura. Durante la jornada del viernes, que concentró cuatro mesas redondas, un par de conferencias y varias charlas, Pontevedra fue la referencia.

Para quienes estuvimos allí fue un orgullo escuchar a representantes de otras ciudades de España y Portugal admitir sin reservas que nuestra urbe es un ejemplo a seguir.

Se ensalzó la apuesta seguida por todos, gobernantes y ciudadanos, para avanzar en la reforma iniciada en los 90, desarrollada en la década siguiente y cuya consolidación ya se persigue en el decenio actual.

Así, desde pensadores de talla internacional como el psicopedagogo italiano Francesco Tonucci (en vídeo), hasta de modo presencial concejales de urbanismo de ciudades como Torrelodones, Mahón, Irún o la portuguesa Torres Vedras, ponderaron el caso pontevedrés como vanguardia en esta materia.

Y cabe recordar que en la red Ciudades que Caminan están vinculadas no solo esas poblaciones que acabo de citar, sino también urbes que empezaron sus transformaciones antes que Pontevedra o tienen mayor capacidad presupuestaria como Vitoria, Melilla o Ciudad Real.

Sin embargo, quedó claro que no se trata de una simple cuestión de dinero. Se precisa voluntad política y atraer la implicación de los ciudadanos. Ya lo dejó dicho en su reciente visita Natalie Leclerc, presidenta de la agencia europea Intermodes, cuando declaró que «muchas ciudades envidian el modelo de Pontevedra pero no se atreven a aplicarlo por cobardía política».

Entre las que sí se han atrevido a dar el paso y acudieron a exponer su experiencia al Pazo da Cultura, estaba Mahón, capital de Menorca, con un centro histórico que estaba casi despoblado y que en apenas dos años acometiendo su reforma, han logrado revitalizar, siguiendo el ejemplo pontevedrés. El gobierno municipal, en manos del PP, planifica continuar y consumar el plan La ciudad que queremos hasta el 2020.

Y la lusitana Torres Vedras, de gobierno socialista, acopió información del caso pontevedrés, para desplegar en los últimos siete años acciones de accesibilidad, calmado del tráfico y reformas urbanas que le acaban de merecer el premio Civitas, otorgado por la Comisión Europea por el innovador sistema de bicicletas públicas urbanas que implantó para eliminar coches. Son las agostinhas, llamadas así en recuerdo de Joaquim Agostinho, el mejor ciclista profesional portugués de todos los tiempos que era natural de Torres Vedras. Algo así como el Pilla bici que tuvimos por aquí pero que en cambio fracasó.

Dos de las actuaciones acometidas por Pontevedra que mayor predicamento tuvieron como ponderaron otras ciudades allí representadas fueron Ciudad 30 y los Camiños escolares. Sin embargo, son manifiesta y necesariamente mejorables.

Violencia vial

Numerosas urbes en España empiezan a asimilar la restricción de velocidad en el casco urbano que aquí se aplica desde el año 2010, con evidentes resultados en la reducción de la siniestralidad. «Violencia vial», como le llamó Mosquera, quien reivindicó que «Pontevedra es una de las cinco ciudades más seguras del mundo».

Incluso Madrid y Barcelona comienzan a plantear acciones de calmado del tráfico rodado en diversos sectores de tales megaurbes.

Pero prueba de que no todo está conseguido y los retos de futuro existen, también para Pontevedra, es la demanda general escuchada en numerosas intervenciones para extender esa velocidad 30 a todo el ámbito urbano y en travesías interubanas, como reclaman colectivos como la Federación Internacional de Peatones y numerosos especialistas en urbanismo, educación y seguridad vial.

Terquear la norma

En suma, llevar a la práctica en una futura reforma del Reglamento General de Circulación lo que había asumido el anterior Director General de Tráfico, Pere Navarro, y habrá que terquearle a su sucesora, María Seguí.

Y el segundo logro que cabe mejorar, son los Camiños escolares que nos han imitado en otras muchas urbes para conseguir que los críos vayan solos al colegio y eliminar tráfico rodado de las calles.

El objetivo aún está en ciernes. La presión automovilística en horas punta de entrada y salida de los centros docentes resulta evidente. Y la necesidad de monitores con petos en los pasos de peatones, indica que aún los conductores no hemos asumido la presencia de los niños como normal. «Estamos haciendo pastoreo de los chavales pero aún nos queda hasta normalizar la presencia infantil por nuestras calles», como dijo Marta Román, una de las ponentes a la que le pido la frase para concluir esta semana: «Estamos en una sociedad que adora la infancia pero que detesta a los niños».

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