La villa vuelve a la Edad Media para consolidarse como tierra de astrónomos
07 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.«¡Hay dragones que echan fuegoooooo!», gritan tres pequeños mientras corren hacia la plaza de la Verdura para ver si interceptan a la comitiva que transporta el vino antes de que llegue a su destino final, A Peregrina. Y es cierto. Dos fieras bestias aladas recorren, a pie eso sí, las calles de la zona monumental de una villa que hace siglos que no evoluciona.
Tan solo los pequeños desajustes temporales producidos por ondas electromagnéticas todavía desconocidas provocan que de vez en cuando asome de algún bolso un teléfono móvil o una cámara de fotos digital, o que la joven que baila la danza de los siete velos tenga media tripa adornada con un gran tatuaje que muestra un racimo de uvas. Hay incluso una cámara de televisión y micrófonos, ante los que los mesoneros, nobles y soldados de cruzadas continúan asustándose, aunque hay quien asegura que es más por vergüenza que por temor a lo desconocido. O a lo aún no inventado.
El resto del centro histórico vuelve a ser Pontus Veteris, una población medieval a la que el vino llega en barricas de madera cargadas sobre burros y precedidas por pequeños carros tirados por cabras. «¿Qué queremos, qué queremos? -les pregunta la cuidadora, sacando una gran hoja verde de su cesto de mimbre-. ¡Queremos comida!». Y ambas cabras comienzan una breve disputa para ver quién se hace con mayor número de trozos. En esta ocasión, la comida no dio paso a una inmediata salida de excrementos, como acababa de ocurrir minutos antes en A Ferrería por parte de una vaca y ante la atónita mirada de disgusto de una niña vestida de princesa amarilla y su hermano menor.
Una vez llegados a destino, el vino inaugura, como muchas otras cosas en Galicia, la Feira Franca. Una cunca de barro medio llena de tinto casi espumoso da el relevo generacional, y la atención se desvía de los dragones hacia los repartidores del caldo. «Bonita, ti que estás dentro (de la zona delimitada por una cuerda), ¿podes conseguirme unha?» «¿A que se refire, señora?» «Unha taza de viño, que se non, vou adormecer aquí» «Si, claro, pero ten pinta de estar forte» «Si, ademais, sen ter nada no estómago, máis. Igual dentro dun rato ando aí a todos (ríe), pero para empezar imos probalo».