Fracasos viarios

PONTEVEDRA

La opción del tercer carril en Rande así como el riesgo de quiebra de las autovías del Salnés y Barbanza, corroboran que hay modelos de gestión agotados

19 may 2014 . Actualizado a las 13:08 h.

Ana Pastor irrumpió con un empuje llamativo en la anodina campaña electoral de las europeas que teníamos por estos lares. Fue así porque tocó una tecla muy sensible: las infraestructuras pendientes. Su anuncio de que se licitará «de modo inminente» la ampliación del puente de Rande removió el cotarro político gallego.

Por cierto, el desembarco de Pastor no fue casual, sino intencionado. Tanto como cuando, años antes, también en un proceso electoral, Pepe Blanco, en un auditorio similar, había soltado el proyecto del tercer carril en Rande para mayor cabreo -entonces- del PP, que no veía la utilidad de ese proyecto.

El tiempo transcurrido y el peso del poder han hecho cambiar papeles, pero sobre todo discursos. Ahora es el PP quien se apropia y mueve ese sonajero en campaña electoral -cuya efectividad dudo que sirva para arrastrar tantos votos, porque el ciudadano ya está escamado- y resultan ser PSOE y BNG los que se enojan por la utilización de esa estratagema.

El intercambio de papeles resulta ser todavía más freudiano. Ahora es el PP quien apoya y aplaude la ampliación de Rande cuando antes -hasta el 2011, al menos- Feijoo y Hernández se hincharon a proclamar que era mejor garantizar la construcción de la autovía alternativa entre Pontevedra y Vigo -bautizada como A-57- antes de empeñarse en meter un tercer carril en el puente más transitado en toda Galicia. Y llegaron a persuadir al entonces ministro Blanco de que era mejor no aventurarse en voladizos en Rande, que no había garantías técnicas.

Cambio de discurso del PP

El cambio de discurso del PP ha sido tal, ha pasado del blanco al negro, hasta llegar Ana Pastor a anunciar la inminente licitación de unas obras que no pagará el Estado, sino la concesionaria de la autopista y, sobre todo, en última instancia, ustedes y yo cada vez que circulemos por la AP-9 y abonemos peaje.

Sin duda, el empuje a la fórmula de ampliar carriles en Rande es la muerte por asfixia del proyecto de la A-57 como ya escribí en ocasión anterior. Supone el reconocimiento expreso del fracaso de un modelo de planificación y gestión. Se lleva a vía muerta lo que otrora fue proyecto bandera de ese ministerio en materia viaria para esta provincia pues se concebía la A-57 como un nuevo eje de comunicación entre Vigo, Pontevedra y Vilagarcía.

Pero también el anuncio del tercer carril en Rande evidencia que se agota la capacidad inversora de Fomento, atenazada por la deuda pública y los enormes costes de proyectos en ejecución -como el AVE a Galicia-. Por tanto, es la derrota del concepto anterior sobre papa Estado y supone rendirse ante formatos de negocio privado que son admitidos y respaldados por los gestores públicos.

Para pagar la ampliación de Rande -tasado en la friolera de 300 millones de euros- se ha captado capital privado de cuantos inversores, fondos y particulares han acudido a la suscripción de obligaciones que lanzó Audasa con una excelente respuesta de los mercados.

Para terminar de abonar la factura de Rande, el Estado admite que la concesionaria nos suba anualmente las tarifas de peaje hasta el 2048. Un negocio garantizado que probablemente facilitará que la sociedad Itinere, que gestiona Audasa, sea revendida como antes ocurrió cuando entró como accionista mayoritario el fondo norteamericano Citi.

Autovías en quiebra

Alberto Núñez Feijoo tiene otra papeleta delicada en esta materia de gestión de la red viaria: atajar el riesgo de quiebra de las concesionarias de las autovías del Salnés y del Barbanza.

Es cierto que no hay cabinas y que los conductores no abonamos por circular por ellas. Ambas son gratuitas para los usuarios a cambio de lo que se llama «peaje en la sombra» -que se paga con el dinero de todos los gallegos-. El abono de ese peaje se establece por el número de vehículos que transitan por ambas. Y resulta que tanto una como otra presentan mucho menor tráfico del previsible cuando Touriño firmó los contratos que atan a la Xunta de Galicia hasta el año 2035. Por esa razón Feijoo va a tener que tirar de la hucha para compensar con cerca de cinco millones de euros a las concesionarias que integran Itinere, Novagalicia Banco y las constructoras Copasa, así como Puentes y Calzadas. Todas estas empresas adelantaron el dinero y ejecutaron ambas autovías a cambio de recuperar cada año lo invertido mediante un canon de demanda. Si hubiese una declaración de quiebra, exigirían a la Xunta que les abonase los 127 millones de euros que costó construirlas y mantenerlas.

Cabe preguntarse por cuánto tiempo más Feijoo, o quien presida más adelante la Xunta, podrá tirar de los orzamentos para tapar ese cráter. Y a continuación cuestionarse si llegará el día en que se plantee poner cabinas y cobrar por circular por la AG-41 (Salnés) y AG-11 (Barbanza) como ya se ha sugerido a nivel estatal con algunas de las autovías radiales del Estado.

Y ya prefiero desistir de pensar que algún día sea realidad que la autovía del Salnés llegue al pie de A Lanzada y se desdoble el peligroso corredor que aún persiste.