La historia arriba a Combarro

Carlos pereiro PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

MONICA IRAGO

Embarcaciones tradicionales lucen sus velas en el pueblo marinero

27 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Cortaban el viento y el agua a medida que se acercaban al pantalán. Las primeras embarcaciones tradicionales, se aproximaban a ritmo veloz al pueblo marinero de Combarro. Lucían bellas y orgullosas sus velas mientras sus patrones vigilaban el acercamiento a la plataforma. Llegaban a cuentagotas, pero llegaban, que no está nada mal para barcos que carecen, en su mayoría, de motor y ayudas electrónicas para navegar. Solo necesitan viento, saber hacer y una superficie de agua sobre la que desfilar. Auténticos pedazos de historia.

Dornas, bucetas, galeones y demás barcos, de vela o de remo, comparten posiciones en la plataforma, ordenados en una simétrica línea recta a lo largo del muelle. Sus mástiles de madera se ven a lo lejos, destacando su color y material, entre el resto de embarcaciones del lugar. La historia que tran encima, solo la conocen sus patrones, venidos de diferentes puntos de la comunidad gallega.

Hoy, su número ya habrá aumentado notablemente dado que muchas no pudieron venir ayer por problemas con los horarios. A las 11.00 horas tendrán vía libre para navegar por toda la ría, a su ritmo, sin prisas. Horas después, a media tarde, comenzará la Regata da Pamplina. Un evento que celebra su séptima edición y se centra en este tipo de embarcaciones clásicas de vela. Un espectáculo que año tras año genera más atención y atracción, mientras se hace fuerte dentro de la programación de la Festa do Mar de Combarro. La concentración de este tipo de embarcaciones, eso sí, lleva ya diecisiete años de andadura, alcanzando la mayoría de edad en este 2013.

Uno de los patrones que toma parte en la tradicional prueba de Combarro es Manuel, que salió ayer del puerto de Muros, en A Coruña, con su respetado barco de madera. Sus velas amarillentas recogían el viento que atravesaba la ría a su llegada. Al aproximarse, eran varios los que lo esperaban y ayudarían a arribar el barco.

Seis horas y poco de travesía fue lo que tardó en llegar a Combarro, sin prisas pero sin pausas, y con algo de suerte. El viento le fue favorable en su viaje. Una travesía sin contratiempos ni problemas mayores, un paseo por el mar, como quien dice.

«A última foto que me fixeron foi a da primeira comunión, sácame ben», bromeaba mientras ataba los cabos y recogía la vela con algo de ayuda de los encargados del evento. «E logo, ¿a da mili non a sacaches ou?», le recriminaba uno de les presentes. Manuel reía y seguía recogiendo y preparando la embarcación para dejarla amarrada y bien situada para hoy.

El mantenimiento de este tipo de embarcación es fundamental a la hora de salir al mar y navegar por él. El suyo es de color blanco con toques castaños en los bordes. Por dentro, optó por repintarlo de un color rojo cobrizo. Salvo por una rotura en la cubierta que asemeja un golpe pero fue un mal trabajo de astillería, se encuentra en perfecto estado. Son muchos años los que se ha mantenido a flote, y muy probablemente, otros tantos los que le quedan.

«La cita de Combarro es una de las reuniones más esperadas de la comunidad»