Una emotiva asamblea puso fin a la vigilancia sobre la fábrica de Cuca
13 may 2013 . Actualizado a las 14:39 h.Se acabaron las guardias. Las noches en la caseta de vigilancia situada a la entrada de la fábrica de Cuca, en Vilaxoán. Ya nadie dormirá a las puertas de esta otrora importante conservera vilagarciana. Las mujeres que durante toda su vida trabajaron en la factoría, y que llevan semanas apostadas durante 24 horas a sus puertas, no han tenido más remedio que cesar en su empeño. Pero solo en parte. Su lucha seguirá, advirtieron ayer. Pelearán allí donde consideren necesario porque «é inxusto que se peche esta fábrica. É inxusto que teñamos un alcalde ao que non lle importa nada. Non hai dereito e por iso imos seguir loitando», anunció una integrante del comité de empresa.
Emoción y rabia, mucha rabia. Esos eran los sentimientos que predominaban entre las decenas de personas que, por última vez, se congregaron a las puertas de la fábrica de Cuca. Lo hicieron para despedir la vigilancia continua que llevan realizando desde hace semana. Y para dar las gracias. Al pueblo de Vilaxoán, que tanto las ha apoyado. A Manolo, el panadero, que durante todo este tiempo las abasteció todos los días con empanadas, roscas y barras de pan.
La última convocatoria fue una asamblea abierta, en la que todos podían intervenir. Lo hicieron los sindicatos, de la mano de Ramón Bueno y Xan Caneda. Los políticos, representados por Juan Fajardo. Y las trabajadoras y los vecinos. «Queremos dar as grazas ao pobo de Vilaxoán que sempre acude cando o necesitamos», explicaron las primeras. Enseguida aparecieron las lágrimas, las de rabia y dolor porque no han conseguido su objetivo: mantener abierta esta emblemática factoría. «Non nos vamos, quítannos», argumento la presidenta del comité. Entonaron entonces sus cánticos: «Así, así, nin un paso atrás» y «Da fábrica de Cuca non nos moverán».
Recibieron también el apoyo de los vecinos: «Eu estiven aquí canto puiden e isto é inxusto», argumentó uno de ellos. «A vosa loita é a mellor lección que os rapaces puideron recibir no colexio», añadió un maestro del centro de Vilaxoán. Y vino también su querido panadero, Manolo. Eso que las acompañó durante todos estos días llevándoles víveres de todo tipo.
Entre abrazos y llantos, cánticos y reivindicaciones, hubo tiempo para dejar muy claro que este no es el fin de su guerra. Seguirán peleando en los tribunales, aguardando una sentencia que, esperan, sea favorable. Eso sí, el lunes tendrán que ir a trabajar a la fábrica de O Grove. «Alí debedes entrar coa cabeza moi alta», les pidió Caneda.